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El UNO llegó tarde a Cuba: cuando descubrimos que ya lo jugábamos con otra baraja

-El UNO llegó tarde a Cuba: cuando descubrimos que ya lo jugábamos con otra baraja

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Hay juegos que llegan a nuestras vidas como una novedad, con colores llamativos, reglas impresas y una caja bonita. Pero a veces uno los mira y piensa: “espera… esto yo ya lo conozco”. Eso me pasó con el famoso juego UNO.

Cuando muchos conocieron esas cartas de colores, con números y reglas especiales, para otros cubanos no fue exactamente un descubrimiento. En nuestras casas ya existían juegos con barajas normales que tenían una esencia muy parecida. Juegos como el chupare, el palo o el faraón formaban parte de esa tradición de sentarse alrededor de una mesa, repartir cartas y pasar horas entre risas, competencia y alguna que otra discusión amistosa.

Porque en Cuba una baraja no era simplemente un grupo de cartas. Era una puerta a los recuerdos. Era la visita de los primos, los vecinos reunidos, los abuelos enseñando sus trucos y esa frase clásica de “yo no estoy haciendo trampa, estoy jugando inteligente”.

El UNO quizás trajo algo diferente: colores, una marca reconocida mundialmente y reglas que podían entender personas de cualquier país. Logró convertir una idea sencilla en un fenómeno internacional. Pero la esencia ya estaba ahí: intentar quedarse sin cartas antes que los demás, aprovechar los momentos especiales y disfrutar de la compañía.

Es curioso cómo muchas veces creemos que algo es nuevo solo porque viene presentado de otra manera. La humanidad está llena de ejemplos donde una idea antigua recibe un nuevo nombre, un nuevo diseño y llega a más personas. Pasa con la comida, con la música y también con los juegos.

En Cuba tenemos esa capacidad de crear diversión con poco. Una baraja común podía convertirse en una tarde inolvidable. No hacía falta tecnología, baterías ni conexión a internet; solo unas cartas y personas con ganas de compartir.

Quizás por eso el UNO, aunque llegó después, encontró terreno conocido. No vino a enseñarnos completamente algo nuevo, sino a recordarnos que la diversión más simple muchas veces es la que más permanece.

Al final, las cartas pueden cambiar de color, de forma o de nombre, pero la magia sigue siendo la misma: sentarse juntos, reír, competir un rato y crear recuerdos que después terminan siendo parte de nuestra propia historia.

Porque antes del UNO ya había un montón de cubanos diciendo: “me queda una carta… y cuidado que todavía puedo ganar”. 😄

No me voy a cansar de agradecer a la comunidad BBH 💪, por todo el apoyo, la confianza y cada gesto de cariño que han tenido conmigo y con mi familia.
Gracias, @thebbhfoundation y @thebbhproject . Gracias por ser parte de mi historia. 💪❤️Quiero expresar un agradecimiento especial a su creador @bradleyarrow , por creer en las personas, por fomentar una comunidad donde la solidaridad tiene un valor fundamental y por demostrar que detrás de cada proyecto hay seres humanos con un gran corazón.Asi mismo, deseo dedicar unas palabras muy especiales a mi “mamá de Canadá” @cathyarrow , . Gracias por cada palabra de apoyo, por cada consejo, por su constante atención y por ese cariño que trasciende fronteras. Aunque nos separa un océano, siento su apoyo como si estuviéramos mucho más cerca.

Espero que algún día podamos encontrarnos, compartir una conversación en persona y agradecerles directamente todo lo que han significado en esta etapa de mi vida.
Y pedir el apoyo a cuentas como la de mi esposa @diazktty y a su mamá @milagroscmiranda

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