
Ayer fue uno de esos días que se quedan guardados con gusto.
Salí temprano hacia el coral con Karlos. Todavía no somos “oficiales”, apenas nos estamos conociendo, pero ya se siente diferente. Hay una calma rara cuando estoy con él, como si el tiempo se detuviera un poco. Hablamos, reímos, caminamos… y aunque no hay etiquetas todavía, hay algo bonito en eso de ir descubriéndonos sin prisa.
Cuando regresamos, él me dejó en el viaducto. Yo seguí hasta mi casa y él tomó un camión rumbo a Santa Marta. Ese momento de despedida me dejó con una sonrisa tonta. Mientras caminaba hacia casa, todavía tenía la mente llena de la conversación y de la forma en que se despide.
Al llegar, mamá estaba terminando de preparar la comida. Me puse a ayudarla de inmediato. Mientras revolvíamos y cortábamos, le conté todo el día con Karlos. Ella me escuchaba con esa cara de “ya te vi” que solo las mamás tienen. Me hizo reír. Es curioso cómo a veces uno necesita contarle las cosas a alguien de confianza para terminar de sentirlas.
Después seguí hablando con él por mensaje hasta que llegó a su casa. Fue una conversación tranquila, de esas que no tienen prisa. Cuando finalmente se desconectó, me quedé un rato en silencio, sonriendo sola.
Más tarde me senté a repasar un poco de inglés. Aunque estoy de vacaciones, no puedo evitarlo. Estoy en la víspera de mi último año y siento que cada día cuenta. No es que sea una obsesionada con estudiar, pero me gusta mantener el ritmo. Cada vez que abro el cuaderno o el celular para practicar, pienso en lo mismo: el día de mi graduación.
Me imagino ese momento con bastante claridad. Quiero terminar con buenas notas, no solo por el orgullo de haberlo logrado, sino porque sé que eso me puede abrir puertas. Quiero poder pedir una buena ubicación para trabajar, un lugar donde realmente me sienta a gusto y pueda empezar a construir algo propio.
Ayer fue un día sencillo: playa, alguien que me gusta, comida con mamá, mensajes hasta tarde y un rato de estudio. Pero dentro de esa sencillez sentí muchas cosas a la vez… ilusión, calma y una gana grande de seguir avanzando.
A veces los días más normales son los que más te recuerdan hacia dónde vas.
¿Quieres que lo haga más largo, más corto, más emotivo o que cambie algún detalle? También puedo ajustarlo al estilo que sueles usar en PeakD.
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