
Todo comenzó a las 11:03 de la noche...
Mi celular vibró y cuando vi su nombre en la pantalla sentí que mi corazón se aceleraba. Era un simple mensaje, pero para mí significaba muchísimo.
“Hola Andrea”.
En ese momento mi mente empezó a dar mil vueltas: ¿Qué le respondo? ¿Qué pensará? ¿Será real todo esto?
Después de unos segundos de nervios, le escribí:
Yo: Hola Karlos, pensé que ya no me escribirías.
Y entonces llegó su respuesta...
Karlos: Sí he querido hacerlo todo el día, pero no tenía el valor... Eres una chica muy linda y no estoy acostumbrado a que chicas lindas se me acerquen.
No sabía ni qué decir. Sonreí frente al teléfono como una tonta y le respondí:
Yo: Gracias por lo de linda, pero no es para tanto.
Y así comenzó una conversación que no quería que terminara.
Pasaron las horas y ni siquiera me di cuenta. Estuvimos hablando hasta las 2 de la madrugada. Fueron tres horas completamente perdida en su chat, descubriendo quién era él, sus pensamientos, sus gustos y su forma de ver la vida.
Lo más increíble fue darme cuenta de que teníamos mucho más en común de lo que él mismo imaginaba.
Aunque una parte de mí seguía pensando: “Esto parece una película, no puede estar pasando de verdad”.
Como todo ocurrió un viernes, no pudimos vernos hasta el lunes. Ese fin de semana fue una verdadera montaña rusa de emociones. Tenía tantas cosas que contarles, tantos sentimientos guardados, pero justo el sistema eléctrico nacional volvió a caerse... ya era la cuarta vez en el mes y mi celular no tenía suficiente carga para escribir todo lo que estaba viviendo.
Aun así, aproveché el tiempo en casa. Gracias a Dios pude terminar mi trabajo integrador de Literatura Inglesa y ya se acercaban mis vacaciones.
Pero lo más esperado era el lunes...
Mi primer encuentro con Karlos.
Nuestra primera cita.
Decidimos hacerlo especial: un picnic en el césped de la universidad, un lugar sencillo pero lleno de magia. Porque a veces los momentos más bonitos no necesitan grandes cosas, solo dos personas con ganas de conocerse y un corazón lleno de ilusión.
Ese día llegué con nervios, con mil preguntas en mi cabeza y con la misma duda de siempre:
¿Será realmente como lo imagino?
Pero ahí estaba él...
Karlos.
Cuando lo vi, sentí esos mismos nervios de la primera vez que llegó aquel mensaje. Solo que esta vez no era una pantalla iluminada por la noche... era él, ahí frente a mí.
Por un instante mi corazón volvió a ir más rápido.
Era extraño pensar que hacía solo unos días no sabía casi nada de esa persona y ahora estaba ahí, compartiendo conmigo uno de los momentos que probablemente nunca voy a olvidar.
Nos sentamos en el césped y comenzamos a hablar. Poco a poco los nervios fueron desapareciendo y volvimos a ser esas dos personas que habían conversado durante horas por chat.
Entre risas, preguntas y miradas tímidas, fui descubriendo que Karlos era mucho más que aquel chico que me aparecía en mis sueños.
Era una persona con aspiraciones, con pensamientos, con una forma de ver la vida que me sorprendía.
Y lo más bonito era sentir que esa conexión que había nacido detrás de una pantalla también existía frente a frente.
Y por primera vez, esa historia que comenzó solo en mis sueños empezó a sentirse mucho más real. ❤️
El mensaje que cambió mi noche ❤️✨
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