Crónicas de lo Absurdo #28. La fortaleza de plástico. [ES/EN]
🇪🇸 En Español
Crónicas de lo Absurdo #28
La fortaleza de plástico
Hola querida comunidad @holos-lotus, regreso una vez más para compartir una nueva entrega de esta serie:
Crónicas de lo Absurdo.
Esta es una serie de crónicas sobre lo cotidiano, sobre esas escenas que se repiten tanto que dejan de parecernos extrañas. Aquí no hay exageración ni ficción forzada. El absurdo no se inventa, se observa. Son textos nacidos de la experiencia diaria, de la espera, de las normas sin sentido, de los gestos que todos conocemos y que casi nunca cuestionamos. No pretenden dar respuestas, solo detenerse un momento y mirar con atención eso que hemos aprendido a aceptar.
En esta la vigésima octava edición el tema es:
La fortaleza de plástico.

Fuente Pixabay
Hace algún tiempo mi hija necesitaba un cúter para los trabajos de artesanía que realiza.
Era una herramienta sencilla.
Nada extraordinario.
Un objeto pensado para facilitar una tarea.
Conseguirlo ya había sido parte de la historia, como ocurre muchas veces cuando un objeto necesario no siempre está disponible con facilidad.
Pero la verdadera aventura comenzó después.
Cuando llegó el momento de sacarlo del empaque.
A primera vista parecía algo simple.
Abrir un plástico.
Extraer el cúter.
Usarlo.
Unos pocos segundos.
Pero aquel empaque parecía diseñado para proteger el objeto de una amenaza desconocida.
Era plástico rígido, resistente, perfectamente sellado.
Tan bien protegido que, paradójicamente, necesitábamos casi otra herramienta para liberar la herramienta que acabábamos de conseguir.
En el intento terminé incluso con un pequeño rasguño en la mano.
Nada grave.
Solo una pequeña muestra de la primera batalla que había que ganar antes de poder utilizar el nuevo instrumento.
Y ahí apareció la pregunta:
¿Cómo puede ser que una herramienta creada para cortar necesite tanto esfuerzo para salir de su propia prisión de plástico?
Lo curioso es que no era un caso aislado.
También ocurre con otros objetos cotidianos.
Una presilladora nueva que parece atrapada dentro de su empaque.
Un pote de yogurt grande que requiere más paciencia que fuerza para poder abrirlo.
Productos sencillos que parecen venir preparados para resistir cualquier intento humano.
En muchos lugares, después de abrir un producto, el empaque termina directamente en la basura.
Aquí la relación es diferente.
En un país donde durante años hemos aprendido a guardar, reparar, reutilizar y encontrarle una segunda vida a casi todo, cada objeto tiene un valor especial.
Por eso resulta curioso que algo nuevo llegue acompañado de una dificultad adicional.
El absurdo no está en proteger un producto.
Es lógico que las cosas necesiten un empaque.
El absurdo aparece cuando el envoltorio termina siendo más difícil de vencer que el propio problema que el objeto debía resolver.
Durante mucho tiempo hemos desarrollado una habilidad conocida por todos:
Resolver.
Buscar alternativas.
Improvisar.
Convertir lo imposible en posible.
Pero a veces ocurre algo extraño.
Estamos tan acostumbrados a buscar soluciones que hasta una compra nueva puede comenzar con un desafío.
Primero hay que liberarla.
Después podemos usarla.
Quizás esa sea la verdadera paradoja.
En Cuba aprendimos a reparar lo viejo.
Pero algunas veces también tenemos que luchar para abrir lo nuevo.
Hasta aquí esta vigésima octava crónica. Gracias por leer y espero sus comentarios al respecto.
Las imágenes son de Pixabay y para la versión en inglés utilicé DeepL Translate.
🇬🇧 In English
Chronicles of the Absurd #28
The Plastic Fortress
Hello dear @holos-lotus community, I return once again to share a new installment of this series:
Chronicles of the Absurd.
This is a series of chronicles about everyday life, about those situations that repeat themselves so often that they stop seeming strange. There is no exaggeration or forced fiction here. The absurd is not invented; it is observed. These texts are born from daily experience, waiting, meaningless rules, and behaviors we all recognize but rarely question. They do not seek to provide answers, only to pause for a moment and look carefully at what we have learned to accept.
In this twenty-eighth edition, the topic is:
The Plastic Fortress.

Source Pixabay
Some time ago, my daughter needed a cutter for her craft projects.
It was a simple tool.
Nothing extraordinary.
An object designed to make a task easier.
Getting it was already part of the story, as often happens when a necessary item is not always easy to find.
But the real adventure began afterward.
When it was time to remove it from its packaging.
At first glance, it seemed simple.
Open the plastic.
Take out the cutter.
Use it.
A few seconds.
But that packaging seemed designed to protect the object from some unknown threat.
It was rigid plastic, strong, and perfectly sealed.
So well protected that, ironically, we almost needed another tool to free the tool we had just obtained.
During the attempt, I even ended up with a small scratch on my hand.
Nothing serious.
Just a small reminder of the first battle that had to be won before using the new instrument.
And that raised the question:
How can a tool designed for cutting require so much effort to escape from its own plastic prison?
The curious thing is that it was not an isolated case.
The same happens with other everyday objects.
A new stapler that seems trapped inside its packaging.
A large yogurt container that requires more patience than strength to open.
Simple products that seem prepared to resist any human attempt.
In many places, once a product is opened, the packaging goes directly into the trash.
Here the relationship is different.
In a country where for years we have learned to save, repair, reuse, and give almost everything a second life, every object has special value.
That is why it is strange when something new arrives with an additional difficulty attached.
The absurdity is not in protecting a product.
It makes sense that things need packaging.
The absurdity appears when the wrapping becomes harder to overcome than the problem the object was meant to solve.
For a long time, we have developed a skill known by everyone:
Solving.
Finding alternatives.
Improvising.
Turning the impossible into possible.
But sometimes something strange happens.
We are so used to finding solutions that even a new purchase can begin with a challenge.
First, we have to free it.
Then we can use it.
Perhaps that is the real paradox.
In Cuba, we learned how to repair old things.
But sometimes we also have to fight to open new ones.
This concludes the twenty-eighth chronicle. Thank you for reading and I look forward to your comments.
The images are from Pixabay and the English version was translated using DeepL Translate.
Thank you for reading.
Special thanks to @bradleyarrow for supporting the community.
!BBH
Esa misma experiencia la he sufrido. He necesitado de una tijera o cuchillo para poder abrir uno de esos empaques. Asi es.
Así es @lazzvi y en ocasiones se pone difícil jajaja. Un abrazo
Saludos.
Hola, amigo @vladimirmf
Parece mentira pero esta crónica de lo absurdo nos toca a muchos.
Lo llaman resiliencia, cuando en verdad es necesidad obligada.
No dejo de pensar en estas palabras:
"En Cuba aprendimos a reparar lo viejo.
Pero algunas veces también tenemos que luchar para abrir lo nuevo."
Lo cual traslado a Venezuela.
Gracias por estar, amigo.
Gracias a tí amigo @emiliorios un abrazo desde Cuba.