Las pequeñas cosas [Esp/Eng]

Aquí, en Cuba, en estos tiempos donde las largas horas sin electricidad estiran las sombras de la tarde hasta hacerlas eternas, donde las carencias se vuelven un eco constante y la incertidumbre se sienta a la mesa con nosotros sin ser invitada, es fácil ver cómo el alma se encoge y es fácil mirar el calendario y sentir que todo es espera, esfuerzo, resistencia.
No obstante, he aprendido que, en medio de la vorágine, hay un acto pequeño y revolucionario: detenerse a mirar.
Hoy, por ejemplo, me pasó algo que me devolvió la sonrisa. Hace un tiempo me regalaron un pequeño cactus, una mammillaria de esas que parecen un ovillo verde cubierto de espinitas blancas y amarillas. La tengo en una maceta modesta junto a uno de mis adeniums y no es una planta que pida mucho, solo un poco de sol y que me acuerde de ella cada tantos días. Esta mañana, mientras echaba un vistazo rápido antes de empezar las labores de la casa, algo amarillo brilló entre las espinas. Me acerqué, y ahí estaban: dos pequeñas flores amarillas, perfectas, como dos soles en miniatura que habían decidido abrirse sin hacer ruido.


Me quedé un rato largo mirándolas. En un contexto donde a veces parece que todo se rompe o se apaga, que una cosa tan frágil como una flor de cactus decida florecer me pareció un acto de pura esperanza. Me pongo a pensar y esa mammillaria no sabe de apagones, ni de la angustia que a veces nos aprieta el pecho, porque ella solo sabe que es su momento, y despliega su belleza con una naturalidad que me dejó en silencio. Entonces ella me recordó que la vida sigue empeñada en ofrecernos destellos de belleza, muy a pesar de todo.
Pero eso no fue lo único. Más tarde, mientras caminaba por el barrio, pasé frente a un viejo árbol de mangos que está casi en la esquina. Es un árbol viejo, de esos que han visto generaciones, con un tronco ancho y rugoso, lleno de cicatrices del tiempo, y algo blanco sobre su corteza llamó mi atención. Me acerqué y descubrí un hongo, pero no uno cualquiera, porque era perfecto, de un blanco inmaculado, con una forma suave y redondeada que parecía un pequeño bol de porcelana que la naturaleza había colocado ahí con delicadeza.


Ahí estaba, en la corteza dura y agrietada de un árbol que ha soportado tormentas, que ha dado sombra y frutos, creciendo algo tan puro y hermoso, y esto también me recordó algo: que incluso en lo más viejo, en lo más duro, puede surgir la belleza.
No quedan entonces dudas, amigos míos, de que de eso se trata, ¿no? De asirnos a esas pequeñas cosas y de permitir que una flor diminuta o un hongo blanco en un tronco nos llenen el alma, porque si nos quedamos solo con el peso de lo que falta, de las horas sin luz, de las preocupaciones que se acumulan, el espíritu se nos va a apagar poco a poco. Ahora bien, si entrenamos la mirada para encontrar lo bello, por mínimo que sea, entonces descubrimos que la vida siempre tiene un detalle esperándonos.

Esas pequeñas cosas son las que nos devuelven a nosotros mismos, y aunque no son grandes soluciones a los problemas y no encienden la luz de la casa ni llenan la nevera, sí encienden una luz dentro de mí que me recuerda que soy capaz de seguir adelante, de maravillarme, de agradecer.
Solo me queda pedirles que, en medio del ruido y de las dificultades, busquen sus pequeñas cosas: puede ser una flor, el café recién hecho, una conversación con un vecino, el color del cielo al atardecer, el abrazo de un hijo. Y esas pequeñeces serán nuestro sostén, porque al final, la vida es también lo que elegimos ver. Y hoy esta cubana eligió ver dos flores amarillas y un hongo blanco, y su alma, cansada, volvió a respirar profundo.

✨¡𝑮𝒓𝒂𝒄𝒊𝒂𝒔 𝒑𝒐𝒓 𝒍𝒆𝒆𝒓! ✨
𝑺𝒊 𝒂ú𝒏 𝒏𝒐 𝒎𝒆 𝒄𝒐𝒏𝒐𝒄𝒆𝒔: 𝒔𝒐𝒚 𝒏𝒆𝒖𝒓ó𝒍𝒐𝒈𝒂 𝒚 𝒆𝒔𝒄𝒓𝒊𝒕𝒐𝒓𝒂 𝒄𝒖𝒃𝒂𝒏𝒂, 𝒎𝒂𝒅𝒓𝒆, 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒚 𝒔𝒐ñ𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒏𝒄𝒐𝒏𝒕𝒓ó 𝒆𝒏 𝑯𝒊𝒗𝒆 𝒖𝒏 𝒉𝒆𝒓𝒎𝒐𝒔𝒐 𝒆𝒔𝒑𝒂𝒄𝒊𝒐 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒗𝒐𝒍𝒂𝒓.
𝑬𝒍 𝒕𝒆𝒙𝒕𝒐 𝒚 𝒍𝒂𝒔 𝒊𝒎á𝒈𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒔𝒐𝒏 𝒅𝒆 𝒎𝒊 𝒂𝒖𝒕𝒐𝒓í𝒂, 100% 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 (𝒔𝒊𝒏 𝑰𝑨).
𝑩𝒂𝒏𝒏𝒆𝒓 𝒅𝒊𝒔𝒆ñ𝒂𝒅𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝑳𝒖𝒎𝒊𝒊.
¿𝑻𝒆 𝒈𝒖𝒔𝒕ó 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝒑𝒖𝒃𝒍𝒊𝒄𝒂𝒄𝒊ó𝒏? 𝑽𝒐𝒕𝒂, 𝒄𝒐𝒎𝒆𝒏𝒕𝒂 𝒐 𝒓𝒆𝒃𝒍𝒐𝒈𝒖𝒆𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒂𝒚𝒖𝒅𝒂𝒓 𝒂 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒍𝒆𝒈𝒂𝒓 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒔 𝒂𝒍𝒂𝒔.💛

ENGLISH VERSION

The little things

Here in Cuba, in these times when long hours without electricity stretch the afternoon shadows into eternity, when scarcity becomes a constant echo and uncertainty sits at the table with us uninvited, it is easy to see how the soul shrinks and easy to look at the calendar and feel that everything is waiting, effort, resistance.
Nevertheless, I have learned that, in the midst of the whirlwind, there is a small and revolutionary act: stopping to look.
Today, for example, something happened that brought back my smile. Some time ago I was given a small cactus, a mammillaria of those that look like a green ball covered in tiny white and yellow spines. I keep it in a modest pot next to one of my adeniums, and it is not a plant that asks for much, just a little sun and for me to remember it every few days. This morning, while taking a quick look before starting the housework, something yellow gleamed among the spines. I leaned in, and there they were: two tiny yellow flowers, perfect, like two miniature suns that had decided to open up without making a sound.


I stood there looking at them for a long while. In a context where sometimes it seems everything breaks or goes dark, that something as fragile as a cactus flower would choose to bloom seemed to me an act of pure hope. I start to think, and that mammillaria knows nothing about blackouts, nor about the anguish that sometimes tightens in our chests, because it only knows that it is its time, and it displays its beauty with a naturalness that left me silent. Then it reminded me that life remains determined to offer us flashes of beauty, despite everything.
But that was not all. Later, while walking through the neighborhood, I passed by an old mango tree that stands near the corner. It is an old tree, one of those that have seen generations, with a wide, rugged trunk full of the scars of time, and something white on its bark caught my attention. I approached and discovered a mushroom, but not just any mushroom, because it was perfect, immaculately white, with a soft, rounded shape that looked like a small porcelain bowl that nature had placed there with delicacy.


There it was, on the hard, cracked bark of a tree that has weathered storms, that has provided shade and fruit, something so pure and beautiful growing, and this also reminded me of something: that even in what is oldest, in what is hardest, beauty can emerge.
There is no doubt then, my friends, that this is what it is about, isn't it? About holding onto those small things and allowing a tiny flower or a white mushroom on a trunk to fill our souls, because if we remain only with the weight of what is lacking, of the hours without light, of the worries that pile up, our spirit will slowly fade. However, if we train our gaze to find beauty, however minimal, then we discover that life always has a detail waiting for us.

Those small things are what bring us back to ourselves, and although they are not great solutions to problems, and they do not turn on the house lights or fill the refrigerator, they do light a spark within me that reminds me I am capable of moving forward, of marveling, of being grateful.
I only ask that in the midst of the noise and the difficulties, you look for your own small things: it might be a flower, freshly brewed coffee, a conversation with a neighbor, the color of the sky at dusk, a child's hug. And these little things will be our sustenance, because in the end, life is also what we choose to see. And today this Cuban woman chose to see two yellow flowers and a white mushroom, and her weary soul breathed deeply once more.

✨𝑻𝒉𝒂𝒏𝒌𝒔 𝒇𝒐𝒓 𝒓𝒆𝒂𝒅𝒊𝒏𝒈! ✨
𝑰𝒇 𝒚𝒐𝒖 𝒅𝒐𝒏’𝒕 𝒌𝒏𝒐𝒘 𝒎𝒆 𝒚𝒆𝒕. 𝑰’𝒎 𝒂 𝑪𝒖𝒃𝒂𝒏 𝒏𝒆𝒖𝒓𝒐𝒍𝒐𝒈𝒊𝒔𝒕 𝒂𝒏𝒅 𝒘𝒓𝒊𝒕𝒆𝒓, 𝒂 𝒎𝒐𝒕𝒉𝒆𝒓, 𝒂 𝒘𝒐𝒎𝒂𝒏, 𝒂𝒏𝒅 𝒂 𝒅𝒓𝒆𝒂𝒎𝒆𝒓 𝒘𝒉𝒐’𝒔 𝒇𝒐𝒖𝒏𝒅 𝒊𝒏 𝑯𝒊𝒗𝒆 𝒂 𝒃𝒆𝒂𝒖𝒕𝒊𝒇𝒖𝒍 𝒔𝒑𝒂𝒄𝒆 𝒕𝒐 𝒔𝒐𝒂𝒓.
𝑨𝒍𝒍 𝒕𝒆𝒙𝒕 𝒂𝒏𝒅 𝒊𝒎𝒂𝒈𝒆𝒔 𝒂𝒓𝒆 𝒎𝒚 𝒐𝒓𝒊𝒈𝒊𝒏𝒂𝒍 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒕𝒊𝒐𝒏𝒔, 100% 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏-𝒎𝒂𝒅𝒆 (𝒏𝒐 𝑨𝑰).
𝑩𝒂𝒏𝒏𝒆𝒓 𝒅𝒆𝒔𝒊𝒈𝒏𝒆𝒅 𝒃𝒚 𝑳𝒖𝒎𝒊𝒊.
𝑳𝒐𝒗𝒆𝒅 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒑𝒐𝒔𝒕? 𝑼𝒑𝒗𝒐𝒕𝒆, 𝒄𝒐𝒎𝒎𝒆𝒏𝒕, 𝒐𝒓 𝒓𝒆𝒃𝒍𝒐𝒈 𝒕𝒐 𝒔𝒑𝒓𝒆𝒂𝒅 𝒕𝒉𝒆 𝒘𝒊𝒏𝒈𝒔 𝒐𝒇 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒕𝒊𝒗𝒊𝒕𝒚! 💛
Saludos amiga, espero que la vida te siga regalando su sonrisa en todas esas pequeñas cosas que la hacen bella a pesar de los tiempos. Abrazos.
Gravias, mi luminosa amiga, y ojalá para ti sea igual de bellos estos dias...
Un abrazo para ti y tu linda familia
Leer este trozo de vida es como recibir un dividendo emocional en un mercado en baja. Me recordó a lo que siempre comparto con mis compañeros de trabajo: la verdadera riqueza no es solo lo que acumulamos, sino aquello que no permitimos que nos quiten, incluso en la oscuridad.
Esa flor amarilla en tu cactus es el ejemplo perfecto de "disciplina babilónica": florecer por naturaleza, sin negociar con la carencia externa. Es un sencillo aviso de que nuestra mirada es el activo más valioso que poseemos; la única propiedad que nadie puede confiscar.
No dejes que las sombras de afuera declaren en quiebra tu abundancia interna.
Gracias, muchas gracias por entenderme y si, este va siendo mi himno diario, no dejar que lo feo se me cuele en el pecho y elegir siempre lo bello como premisa de vida.
Mi abrazo enorme 🤗🫂
.
.
.
Muchas gracias por el feed back.
He sabido que la situación en Cuba está muy dura, sólo lo que se puede ver en algunos noticieros, pero se muy bien, porque en su momento lo viví también en mi país, que lo que muestran es sólo una fracción de las calamidades que pueden estar pasando en la vida diaria.
Lamento mucho que eso esté ocurriendo, espero que pronto salgan de esa situación.
Y claro que si, siempre hay algo bueno que ver, algo que de esperanzas, aunque sea momentáneas, porque definitivamente las soluciones en las cosas del dia a día no dan espera, y eso puede desesperar un poco.
Abrazos desde la distancia.
Amigo, créeme que no me gusta hablar de cosas malas, pero es difícil divorciarse de la realidad donde uno vive, no obstante, aquí está mi estrategia, buscar lo lindo, lo maravilloso, que no es para nada negar lo que me rodea, pero que si me ayuda a no perder la fe y mantener el alma intacta.
Mi abrazo enorme 🤗🫂
.
.
.
because I can, So Can WE! --> Vote Witty for your witness. <--