El poder de regalar una sonrisa [Esp/Eng]



Hoy ha sido un día largo, de esos días en los que la bata pesa un poco más y la lista de pacientes parece no tener fin, pero sin duda ha sido un día del que quiero acordarme. En mi consulta de Neurología Pediátrica, las mañanas suelen venir cargadas de historiales, pruebas y mucha emoción contenida. Hoy ha llegado Mateo, un niño encantador de unos cuatro años, con los ojos grandes y brillantes pero llenos de desconfianza. Venía para un seguimiento de una convulsión febril típica y en cuanto vio la camilla y el material, el miedo se apoderó de él, así que empezó a llorar desconsoladamente, aferrado a su madre como si de un salvavidas se tratara. Era el típico llanto que encoge el corazón y tensa el ambiente.



Me agaché para estar a su altura y le pregunté si quería ser médico por un rato y escuchar el corazón de su osito de peluche. Al principio, entre hipo y lágrimas, me miraba con desconfianza, pero entonces exageré un estornudo. Fue un momento de lo más tonto. Mateo soltó una pequeña risita, tímida al principio, y luego otra más fuerte, y la tensión se rompió. Conseguí que se riera de verdad y, una vez que logramos ese pequeño milagro, todo fue felicidad en la consulta. Salió con una sonrisa de oreja a oreja, despidiéndose con un "¡hasta luego, doctora!".



Esa sonrisa de Mateo fue el primer chute de energía del día. Me recordó, una vez más, que en mi profesión no solo tratamos cerebros, tratamos personas con miedos, con emociones, y a veces la mejor medicina para aliviar ese miedo no viene en una pastilla, sino en un gesto tan simple y humano como hacer reír a un niño.

Llegué a casa agotada, con los pies hinchados y la cabeza llena de diagnósticos. Mi hija de doce años, que ya está en esa edad en la que a veces los padres no tenemos gracia, estaba en el salón viendo una serie. Me dejé caer en el sofá a su lado, suspirando por el cansancio. Me miró, puso los ojos en blanco con cariño y empezó a imitar a uno de los personajes de la serie con una voz ridícula. Y entonces pasó de nuevo. Nos miramos y empezamos a reír. Primero una risa ligera, luego una carcajada de esas que no se pueden controlar, de las que duelen las mejillas y te hacen olvidar dónde estás. En ese momento, todo el peso del día, el estrés de la consulta, las preocupaciones desaparecieron.



Fue entonces cuando lo comprendí del todo. La sonrisa es un poder sanador. Hoy, la risa de Mateo sanó su miedo y la risa con mi hija sanó mi cansancio.

Así que no puedo desperdiciar este día para sugerirles que, si tienen un mal día, si sienten miedo o si el agotamiento intenta vencerlos, busquen una sonrisa. Regálenla, acéptenla, porque es el remedio más universal, gratuito y poderoso que existe, y no necesita receta médica, solo un corazón dispuesto a compartirla.



Mientras tanto yo, desde mi consulta, seguiré recetando sonrisas a mis pequeños pacientes, porque un niño que sonríe siempre sana un poquito más.

🌼

🌼

¡𝑮𝒓𝒂𝒄𝒊𝒂𝒔 𝒑𝒐𝒓 𝒍𝒆𝒆𝒓!
𝑺𝒊 𝒂ú𝒏 𝒏𝒐 𝒎𝒆 𝒄𝒐𝒏𝒐𝒄𝒆𝒔: 𝒔𝒐𝒚 𝒏𝒆𝒖𝒓ó𝒍𝒐𝒈𝒂 𝒚 𝒆𝒔𝒄𝒓𝒊𝒕𝒐𝒓𝒂 𝒄𝒖𝒃𝒂𝒏𝒂, 𝒎𝒂𝒅𝒓𝒆, 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒚 𝒔𝒐ñ𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒏𝒄𝒐𝒏𝒕𝒓ó 𝒆𝒏 𝑯𝒊𝒗𝒆 𝒖𝒏 𝒉𝒆𝒓𝒎𝒐𝒔𝒐 𝒆𝒔𝒑𝒂𝒄𝒊𝒐 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒗𝒐𝒍𝒂𝒓.
𝑬𝒍 𝒕𝒆𝒙𝒕𝒐 𝒚 𝒍𝒂𝒔 𝒊𝒎á𝒈𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒔𝒐𝒏 𝒅𝒆 𝒎𝒊 𝒂𝒖𝒕𝒐𝒓í𝒂, 100% 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 (𝒔𝒊𝒏 𝑰𝑨).
𝑩𝒂𝒏𝒏𝒆𝒓 𝒅𝒊𝒔𝒆ñ𝒂𝒅𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝑳𝒖𝒎𝒊𝒊.
¿𝑻𝒆 𝒈𝒖𝒔𝒕ó 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝒑𝒖𝒃𝒍𝒊𝒄𝒂𝒄𝒊ó𝒏? 𝑽𝒐𝒕𝒂, 𝒄𝒐𝒎𝒆𝒏𝒕𝒂 𝒐 𝒓𝒆𝒃𝒍𝒐𝒈𝒖𝒆𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒂𝒚𝒖𝒅𝒂𝒓 𝒂 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒍𝒆𝒈𝒂𝒓 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒔 𝒂𝒍𝒂𝒔.💛

cinti 800x20 - copia.jpg

ENGLISH VERSION

cinti 800x20 - copia.jpg

The power of giving a smile



Today has been a long day, one of those days when the white coat feels a little heavier and the patient list seems endless, but without a doubt, it has been a day I want to remember. In my Pediatric Neurology practice, mornings are usually filled with medical records, tests, and a great deal of contained emotion. Today, Mateo came in, a charming boy of about four years old, with big, bright eyes full of distrust. He came for a follow-up on a typical febrile seizure, and as soon as he saw the stretcher and the equipment, fear took hold of him. He started crying inconsolably, clinging to his mother as if she were a lifeline. It was the kind of cry that tugs at your heart and tenses the atmosphere.



I crouched down to his level and asked him if he wanted to be a doctor for a while and listen to his teddy bear's heart. At first, between sobs and tears, he looked at me distrustfully, but then I exaggerated a sneeze. It was such a silly moment. Mateo let out a little giggle, shy at first, and then another, louder one, and the tension broke. I managed to make him truly laugh, and once we achieved that small miracle, everything in the consultation was happiness. He left the office with a huge grin from ear to ear, saying goodbye with a "see you later, doctor!"



Mateo's smile was the first energy boost of the day. It reminded me, once again, that in my profession we don't just treat brains; we treat people with fears, with emotions, and sometimes the best medicine to ease that fear doesn't come in a pill, but in a gesture as simple and human as making a child laugh.

I arrived home exhausted, with swollen feet and my mind full of diagnoses. My twelve-year-old daughter, who is at that age where parents are sometimes "not cool," was in the living room watching a series. I collapsed onto the sofa next to her, sighing with tiredness. She looked at me, rolled her eyes affectionately, and started imitating one of the characters from the series with a ridiculous voice. And then it happened again. We looked at each other and started to laugh. First a light laugh, then a guffaw, the kind you can't control, the kind that makes your cheeks hurt and makes you forget where you are. In that moment, all the weight of the day, the stress of the practice, the worries, disappeared.



That was when I fully understood it. A smile is a healing power. Today, Mateo's laughter healed his fear, and laughing with my daughter healed my fatigue.

So I can't let this day go by without suggesting that if you are having a bad day, if you feel fear, or if exhaustion tries to overcome you, seek out a smile. Give one away, accept one, because it is the most universal, free, and powerful remedy that exists, and it doesn't need a prescription, only a heart willing to share it.



Meanwhile, from my practice, I will continue prescribing smiles to my little patients, because a child who smiles always heals a little more.

🌼

🌼

𝑻𝒉𝒂𝒏𝒌𝒔 𝒇𝒐𝒓 𝒓𝒆𝒂𝒅𝒊𝒏𝒈!
𝑰𝒇 𝒚𝒐𝒖 𝒅𝒐𝒏’𝒕 𝒌𝒏𝒐𝒘 𝒎𝒆 𝒚𝒆𝒕. 𝑰’𝒎 𝒂 𝑪𝒖𝒃𝒂𝒏 𝒏𝒆𝒖𝒓𝒐𝒍𝒐𝒈𝒊𝒔𝒕 𝒂𝒏𝒅 𝒘𝒓𝒊𝒕𝒆𝒓, 𝒂 𝒎𝒐𝒕𝒉𝒆𝒓, 𝒂 𝒘𝒐𝒎𝒂𝒏, 𝒂𝒏𝒅 𝒂 𝒅𝒓𝒆𝒂𝒎𝒆𝒓 𝒘𝒉𝒐’𝒔 𝒇𝒐𝒖𝒏𝒅 𝒊𝒏 𝑯𝒊𝒗𝒆 𝒂 𝒃𝒆𝒂𝒖𝒕𝒊𝒇𝒖𝒍 𝒔𝒑𝒂𝒄𝒆 𝒕𝒐 𝒔𝒐𝒂𝒓.
𝑨𝒍𝒍 𝒕𝒆𝒙𝒕 𝒂𝒏𝒅 𝒊𝒎𝒂𝒈𝒆𝒔 𝒂𝒓𝒆 𝒎𝒚 𝒐𝒓𝒊𝒈𝒊𝒏𝒂𝒍 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒕𝒊𝒐𝒏𝒔, 100% 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏-𝒎𝒂𝒅𝒆 (𝒏𝒐 𝑨𝑰).
𝑩𝒂𝒏𝒏𝒆𝒓 𝒅𝒆𝒔𝒊𝒈𝒏𝒆𝒅 𝒃𝒚 𝑳𝒖𝒎𝒊𝒊.
𝑳𝒐𝒗𝒆𝒅 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒑𝒐𝒔𝒕? 𝑼𝒑𝒗𝒐𝒕𝒆, 𝒄𝒐𝒎𝒎𝒆𝒏𝒕, 𝒐𝒓 𝒓𝒆𝒃𝒍𝒐𝒈 𝒕𝒐 𝒔𝒑𝒓𝒆𝒂𝒅 𝒕𝒉𝒆 𝒘𝒊𝒏𝒈𝒔 𝒐𝒇 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒕𝒊𝒗𝒊𝒕𝒚! 💛



0
0
0.000
6 comments
avatar

Has sido votado por

PROYECTO ENLACE

'Conectando Ideas y Comunidades'

PROYECTO ENLACE es un proyecto de curación de habla hispana enfocado en recompensar contenido de calidad y apoyar autores en su proceso de crecimiento en HIVE.

Creemos y apostamos por el futuro de esta gran plataforma, y estamos muy emocionados de poder hacerla crecer junto a esta comunidad. Así que te invitamos a publicar en nuestra COMUNIDAD y estar atento a todas las actividades que tenemos preparadas y que estaremos publicando en breve.

¿QUIERES AUTOMATIZAR TUS GANANCIAS DE CURACIÓN? SE PARTE DEL PROYECTO ENLACE APOYANDO A NUESTRO TRAIL EN HIVE.VOTE INGRESA AQUÍ PARA CONOCER LOS DETALLES.

¿QUIERES INVERTIR ENLACE? DESCUBRE COMO HACERLO Y GENERAR INGRESOS DE FORMA SEMANAL MEDIANTE TU DELEGACIÓN DE HP AQUÍ TE EXPLICAMOS COMO.

Te invitamos a participar en nuestro servidor de Discord: https://discord.gg/3S9y7BbWfS

Atentamente

EQUIPO ENLACE 2026

0
0
0.000
avatar

Congratulations @neuropoeta! You have completed the following achievement on the Hive blockchain And have been rewarded with New badge(s)

You got more than 3500 replies.
Your next target is to reach 3750 replies.

You can view your badges on your board and compare yourself to others in the Ranking
If you no longer want to receive notifications, reply to this comment with the word STOP

0
0
0.000
avatar

Justo ayer hablaba con una persona, que me contó una etapa muy dura de su vida que vivió el año pasado, en la que su hermano menor, de dos añitos, falleció por un cáncer de Hígado, me comentó cosas muy duras de su proceso de hospitalización, y recordé el porque no me gustó nunca esa área de pediatría, es que me afecta mucho el ver sufrir a los niños, no me gusta, así que mis respetos por su especialización, de verdad que mis respetos.
Prefiero trabajar básicamente con adultos, no es que no me afecte ver sufrir a un adulto, pero lo tolero mucho más, pero no me pasa lo mismo con los niños.
Es una escena mágica la que compartes, esa que has vivido con Matheo, seguro que se fue con una visión muy diferente de lo que es una consulta médica, hiciste magia, y eso es muy bonito.
Una sonriza puede cambiarlo todo, eso no se discute, y con tu vivencia lo has ilutstrado muy bien. Bendiciones, que sigas despertando sonriza en todos. Bonito día @neuropoeta.

0
0
0.000
avatar

Este escrito me hace recordar que, más allá de diagnósticos y protocolos, lo que realmente transforma es lo humano con pequeños y a veces invisibles gestos.

Esa risa que rompió el miedo de Mateo no salió de un manual, salió del corazón. Y luego tu hija hizo lo mismo contigo. A veces creemos que sanar es algo complejo, pero una sonrisa sincera puede sostener más de lo que imaginamos.

0
0
0.000
avatar

Cuando @parauri me recomendó tu blog, no se equivocó: realmente escribes hermoso. Este post es una delicia no solo por como lo narras, sino por la eneseñanza que nos dejas el darse la oportunidad de sonreír y de reír a carcajadas "de las que duelen las mejillas y te hacen olvidar dónde estás". Hasta me dieron ganas de estar allí con ustedes. jajaja

Gracias por tu publicación, por compartir con nosotros tu visión del mundo y amor por tu profesión.

Abrazo.

0
0
0.000