CrĂłnicas de lo Absurdo #15. El Azucar. [ES/EN]


🇪🇸 En Español


CrĂłnicas de lo Absurdo #15

El AzĂşcar



Fuente Pixabay


Hola querida comunidad @holos-lotus, regreso una vez más para compartir una nueva entrega de esta serie:

CrĂłnicas de lo Absurdo.

Esta es una serie de crónicas sobre lo cotidiano, sobre esas escenas que se repiten tanto que dejan de parecernos extrañas. Aquí no hay exageración ni ficción forzada. El absurdo no se inventa, se observa. Son textos nacidos de la experiencia diaria, de la espera, de las normas sin sentido, de los gestos que todos conocemos y que casi nunca cuestionamos. No pretenden dar respuestas, solo detenerse un momento y mirar con atención eso que hemos aprendido a aceptar.

En esta la decimoquinta ediciĂłn el tema es:

El azĂşcar.


Desde pequeño aprendí que mi país era una potencia azucarera.

No era una idea vaga ni un comentario aislado. Era algo que se enseñaba en la escuela, que se repetía en las clases de historia, que formaba parte del orgullo nacional. Cuba, el azúcar, la caña. Todo parecía estar conectado de forma natural.

Se hablaba de la colonia, de los ingenios, del desarrollo de una industria que había marcado la economía durante siglos. Más adelante, de los centrales, de la producción, de las exportaciones. De cómo el país había sido uno de los mayores productores de azúcar del mundo.

Para mĂ­, aquello era simplemente una verdad.

Algo que existĂ­a.
Algo que siempre estarĂ­a ahĂ­.

Con el tiempo, no solo lo estudié.

También lo vi.

Recorrí lugares donde la caña dominaba el paisaje. Extensiones largas, verdes, que parecían no tener fin. Durante la zafra, el movimiento era constante. Camiones cargados, trabajadores en traslado, actividad en cada punto del proceso.

HabĂ­a centros de acopio.
HabĂ­a vĂ­as.
HabĂ­a ritmo.

Todo giraba alrededor de algo que parecĂ­a sĂłlido.

Después llegó la universidad.

Estudié ingeniería química, y entre muchas cosas, volví a encontrarme con el azúcar. Esta vez desde el proceso, desde la técnica, desde lo que ocurre dentro de un central. En más de una ocasión estuve en prácticas, viendo de cerca lo que antes solo había imaginado.



Fuente Pixabay


Y también escuché.

Recuerdo conversaciones, debates, opiniones distintas. Algunos decĂ­an que el azĂşcar ya no era negocio. Que los costos eran altos. Que no era sostenible.

Pero también recuerdo a un profesor que cuestionaba esa idea. Hablaba de inversiones, de estructuras ya existentes, de un sistema que no empezaba de cero. Decía que no todo era tan simple como parecía.

En aquel momento, más que entender, observaba.

Porque lo que parecĂ­a seguro comenzĂł a cambiar.

No de golpe.
No con un anuncio.

Simplemente empezĂł a desaparecer.

Primero fueron menos cañaverales.
Luego menos movimiento.

Los rieles que antes llevaban caña dejaron de tener prisa.

Los centros de acopio quedaron en silencio.



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Los caminos seguĂ­an ahĂ­.
Pero ya no llevaban lo mismo.

Los pueblos alrededor de los centrales, los bateyes, comenzaron a cambiar también. Lugares que antes vivían al ritmo de la zafra, poco a poco fueron perdiendo ese ritmo. No de un día para otro, sino con el paso del tiempo.

Hasta que un día, sin saber exactamente cuándo ocurrió, la realidad era otra.

Hoy, el azĂşcar ya no es algo que se da por hecho.

Puede faltar.

Puede comprarse.
Puede venir de fuera.

Y eso es lo que desconcierta.



Fuente Pixabay


Porque no se trata solo de economĂ­a.
Ni de producciĂłn.

Se trata de memoria.

De haber crecido pensando que algo era parte esencial del país… y descubrir que ya no lo es.

Antes, el azĂşcar estaba en todas partes.

En las casas.
En los dulces.
En los jugos.

Era tan comĂşn que no se pensaba en ella.

Hoy, puede convertirse en algo que se mide.

Que se calcula.

Que se dosifica.

Y en ocasiones, incluso, que se sustituye.

El absurdo no está en que las cosas cambien.

Eso es natural.

El absurdo está en la distancia entre lo que fuimos y lo que somos.

En haber tenido tanto…
y necesitarlo ahora.

Porque cuando un paĂ­s que fue sĂ­mbolo de algo deja de tenerlo, no pierde solo un producto.

Pierde una parte de su historia cotidiana.

Y entonces uno entiende que el problema no es el azĂşcar.

Es lo que representa.


Hasta aqui esta decimoquinta crónica Gracias por leer y espero comentarios al respecto. Las imágenes son de pixabay y utilicé el traductor de Google para la versión en inglés.


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AhĂ­ comparto avances, errores y resultados sin filtro.


🇬🇧 In English


Chronicles of the Absurd #15

Sugar



Source Pixabay


Hello dear @holos-lotus community, I come once again to share a new entry in this series:

Chronicles of the Absurd.

This is a series of chronicles about everyday life, about those scenes that repeat themselves so often that they stop seeming strange to us. Here there is no exaggeration or forced fiction. The absurd is not invented, it is observed. These are texts born from daily experience, from waiting, from meaningless rules, from gestures we all know and almost never question. They do not seek to give answers, only to stop for a moment and look carefully at what we have learned to accept.

In this fifteenth edition the theme is:

Sugar.


Since I was a child, I learned that my country was a sugar powerhouse.

It wasn’t a vague idea or a random comment. It was something taught in school, repeated in history lessons, part of a national identity. Cuba, sugar, sugarcane. Everything seemed naturally connected.

We learned about the colonial period, the plantations, the development of an industry that shaped the economy for centuries. Later, about mills, production, exports. About how the country became one of the largest sugar producers in the world.

To me, it was simply a fact.

Something that existed.
Something that would always be there.

Over time, I didn’t just study it.

I saw it.

I traveled through places where sugarcane dominated the landscape. Long green fields that seemed endless. During harvest season, everything moved. Trucks loaded with cane, workers being transported, activity at every stage.

There were collection centers.
There were railways.
There was rhythm.

Everything revolved around something that felt permanent.

Then came university.

I studied chemical engineering, and once again, sugar appeared—this time from a technical perspective. I saw the process, the inside of a mill, the transformation that once had been abstract.



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And I listened.

There were discussions, debates, different opinions. Some said sugar was no longer profitable. That costs were too high. That it didn’t make sense anymore.

But I also remember a professor who questioned that idea. He spoke about existing infrastructure, about investments already made, about systems that didn’t start from zero. He suggested things were more complex than they seemed.

At that time, I didn’t fully understand.

I just observed.

Because what once seemed stable began to change.

Not suddenly.
Not with a clear announcement.

It simply started to fade.

Fewer fields.
Less movement.

The rails that once carried cane no longer seemed in a hurry.

Collection centers fell silent.



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The roads were still there.
But they no longer carried the same purpose.

The small towns around the mills began to change too. Places that once lived by the rhythm of harvest slowly lost that rhythm. Not overnight, but gradually.

Until one day, without knowing exactly when it happened, reality was different.

Today, sugar is no longer something taken for granted.

It can be missing.

It can be bought.
It can come from elsewhere.

And that is what feels strange.



Source Pixabay


Because it’s not just about economics.

Or production.

It’s about memory.

About growing up believing something was an essential part of your country… and realizing it no longer is.

Before, sugar was everywhere.

In homes.
In desserts.
In drinks.

It was so common that no one thought about it.

Today, it becomes something measured.

Calculated.

Used carefully.

And sometimes, replaced.

The absurd is not that things change.

That is natural.

The absurd lies in the distance between what we were and what we are.

In having had so much…
and needing it now.

Because when a country that was once defined by something no longer has it, it doesn’t just lose a product.

It loses a piece of its everyday history.

And then you understand that the problem is not sugar.

It’s what it represents.


This is the end of this fifteenth chronicle. Thank you for reading, and I look forward to your comments. The images are from Pixabay and I used Google Translate for the English version.


Thank you for reading.
Special thanks to @bradleyarrow for supporting the community.


📢 If you want to see my full process in real time inside Hive and Web3, I’m documenting it here:

👉 Daily Hive Journal 🚀
https://t.me/diariohive

There I share progress, mistakes, and results with no filter.



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4 comments
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Tanto se ha deteriorado todo...
Y es que sĂ­, es historia, es memoria.
Nosotros somos azucareros, lo llevamos en las venas.
Gracais por darnos esta ecencia humana nuestra, @vladimirmf

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