Cuba: campeones mundiales de los apagones y técnicos del “resuelve como puedas”

En Cuba hay cosas que no aparecen en ningún libro de récords, pero deberían tener su propio campeonato mundial. Una de ellas es nuestra capacidad para sobrevivir a un apagón.
Después de tantos años de experiencia, muchos cubanos ya podemos decir que tenemos un título universitario invisible: Especialista en vida sin corriente eléctrica.
Porque aquí no se trata solamente de quedarse a oscuras. No, eso sería demasiado sencillo. Aquí desarrollamos habilidades especiales:
Sabemos bañarnos con el agua que queda en el tanque como si fuera una misión de supervivencia.
Sabemos encontrar el celular en la oscuridad usando únicamente la memoria muscular.
Sabemos calcular cuánto tiempo queda de batería en el teléfono con una precisión que ni la NASA.
Y por supuesto, tenemos un sexto sentido: ese momento exacto en que uno dice “voy a cocinar rápido porque seguro ahora se va la corriente”… y justo en ese instante se apaga todo.
Pero si los cubanos somos expertos en aguantar apagones, los trabajadores del SEN (Sistema Eléctrico Nacional) merecen otra categoría: maestros en levantar el sistema cuando decide tomarse unas vacaciones.
Porque cuando el SEN cae, comienza la verdadera operación:
Un grupo revisando cables.
Otro buscando dónde está la falla.
Alguien diciendo “ya casi entra”.
Y millones de cubanos mirando al ventilador parado como si fuera una persona que prometió volver.
Los trabajadores del SEN tienen una habilidad especial: pueden recibir un sistema que parece decir “hasta aquí llegué” y poco a poco devolverle la vida. Es como ser mecánico, electricista y un poco mago al mismo tiempo.
Claro, mientras ellos trabajan, nosotros también hacemos lo nuestro: preparar las velas, cargar los teléfonos cuando aparece la corriente, poner a congelar todo lo que se pueda y avisar en el barrio:
—¡Llegó la corriente!
Ese grito tiene más velocidad que cualquier noticia en internet. En segundos lo sabe la familia, el vecino, el primo que vive en la otra cuadra y hasta el perro que se despierta porque volvió el ventilador.
Al final, los apagones nos han convertido en especialistas de algo que nadie quería estudiar, pero que la vida nos enseñó: la paciencia, la creatividad y el arte de resolver.
Porque en Cuba podemos estar sin corriente, pero nunca estamos sin imaginación.
Aquí un apagón no es solo oscuridad… es otro capítulo de esa increíble carrera donde unos trabajan para encender el sistema y otros nos graduamos cada día en sobrevivir cuando se apaga.
Cómo siempre gracias a la comunidad BBH 💪
@thebbhfoundation y @thebbhproject qué les pido el apoyo para esta gran comunidad para mí ,para su creador @bradleyarrow

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Pedir como siempre el apoyo a cuentas como @diazktty mi esposa que tiene el moco caído que le pasa todo esto que casi nadie le comenta , como q todos
Y como siempre gracias a todos los que me leen y que Dios los bendiga 🙏🙏🙏🙏🙏
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STOPaunque uno no debería decir acostumbrase a ello porque es un servicio que no debe faltar, ciertamente buscarle la manera en avanzar mientras no hay luz y no rendirse ante ello es lo mejor también por la propia salud de uno, bendiciones
Although one shouldn't really speak of "getting used to it"—since it is an essential service that ought to be reliable—finding a way to keep moving forward during power outages, rather than giving up, is certainly best for one's own well-being. Blessings.