Amigo le agradezco mucho esta suerte de evocación que hace por lo que fue la infancia para los que nacimos antes de que surgieran el Internet y las redes sociales, esa infancia que vivirá para siempre en nosotros no importa la edad que tengamos y estoy de acuerdo con usted en todo lo que evoca.
Porque esa infancia no fue digital, fue de barro y de tierra mojada después de la lluvia. Fue de rodillas rasguñadas, de monedas que alcanzaban para un puñado de caramelos y una bolsa de canicas. Fue de tardes que no terminaban nunca, de esperar el carrito del heladero y escuchar su campana desde tres cuadras, de perseguir la sombra de un perro callejero. Fue de olor a pan recién horneado, a pasto recién cortado, a crayones de cera derritiéndose al sol. Fuimos dueños de nuestro tiempo porque el tiempo no era una pantalla, era la luz que cambiaba, el viento en la cara, la voz de nuestra madre llamándonos desde la puerta cuando ya oscurecía. Fuimos libres sin saberlo, inventamos juegos con piedras y palos, y nuestras batallas fueron con espadas de madera, no con dedos en un teclado. Esa infancia duele a veces, pero duele como duele la belleza: con una nostalgia que no es tristeza, sino la certeza de haber tocado el mundo con las manos sucias y el corazón limpio. Y por eso, amigo, gracias por traerla de vuelta, aunque sea un instante.
1 comments
Me encantan que mi blog aga llegar a sentir esas emociones y que se sienta tan bien @psicologopoeta gracias por ser de apoyo ❤️❤️❤️