18 years are nothing, but they are everything [Eng/Esp]

18 years ago I was granted the title of physician, and I know that for some it may seem like a short time, but for me it is almost half of a life dedicated to the pursuit of healing, because before those 18 years as a graduate, there came 6 years as a student, of dawns without enough coffee, of trembling hands during theEs first suture, of the first "thank you, doctor" that pierced my soul.

Today I add it up: 24 years since I entered medical school, which is more than half of my life devoted to understanding pain, to relieving it, to sitting beside a bed and speaking truths that hurt and hopes that sustain. And I decided to celebrate it today, not with a party or fireworks, but with a look backward and forward.

Behind me lie many fulfilled challenges: a specialty in Family Medicine that taught me to see the whole patient, with their story, their family, their home; a master's degree in Infectious Diseases; a diploma in Intensive Care; and then… the one that stole my heart: my specialty in Neurology dedicated to Pediatrics.

Now I take care of small brains, nervous systems that are still being built, while I look into the eyes of mothers who hope for everything and fear everything. I have learned that a child with a neurological disease is not just a diagnosis; it is a smile that sometimes does not come, a gaze that gets lost, a hand that does not grasp, but it is also the therapy that works, the neuron that finds a new path, the daily miracle of brain plasticity. And there I am, with my doubts and my certainties.

I have done all of this in Cuba, with all the difficulties that implies: the lack of reagents, equipment that breaks down with no spare parts arriving, endless shifts, a salary that does not suffice, the constant exodus of colleagues who leave seeking what is scarce here, but also with the nobility of a system that reached where others do not, with an excellent education that I carry as a source of pride, and with the human warmth that becomes medicine when the pharmacy is empty. I have learned that the greatest resource is not in a laboratory refrigerator; it is in the will to not give up.

Ahead I see much more, because I want to keep learning, keep questioning myself, keep making mistakes and correcting them. Pediatric neurology is an expanding universe, and I am barely taking off. I want to write, to teach, to plant seeds in the young ones who come after me, while I watch my little patients reach adolescence, adulthood, that life that seemed so uncertain on the day of diagnosis.
Today, as I complete 18 years as a physician, I stop and say to myself: thank you for staying and not changing course when others veered off. 18 years are nothing, but when you look at them closely, they are everything.

✨ 𝑻𝒉𝒂𝒏𝒌𝒔 𝒇𝒐𝒓 𝒓𝒆𝒂𝒅𝒊𝒏𝒈! ✨
𝑰𝒇 𝒚𝒐𝒖 𝒅𝒐𝒏’𝒕 𝒌𝒏𝒐𝒘 𝒎𝒆 𝒚𝒆𝒕, 𝑰’𝒎 𝒂 𝑪𝒖𝒃𝒂𝒏 𝒏𝒆𝒖𝒓𝒐𝒍𝒐𝒈𝒊𝒔𝒕 𝒂𝒏𝒅 𝒘𝒓𝒊𝒕𝒆𝒓, 𝒂 𝒎𝒐𝒕𝒉𝒆𝒓, 𝒂 𝒘𝒐𝒎𝒂𝒏, 𝒂𝒏𝒅 𝒂 𝒅𝒓𝒆𝒂𝒎𝒆𝒓 𝒘𝒉𝒐’𝒔 𝒇𝒐𝒖𝒏𝒅 𝒊𝒏 𝑯𝒊𝒗𝒆 𝒂 𝒃𝒆𝒂𝒖𝒕𝒊𝒇𝒖𝒍 𝒔𝒑𝒂𝒄𝒆 𝒕𝒐 𝒔𝒐𝒂𝒓.
𝑨𝒍𝒍 𝒕𝒆𝒙𝒕 𝒂𝒏𝒅 𝒊𝒎𝒂𝒈𝒆𝒔 𝒂𝒓𝒆 𝒎𝒚 𝒐𝒓𝒊𝒈𝒊𝒏𝒂𝒍 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒕𝒊𝒐𝒏𝒔, 100% 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏-𝒎𝒂𝒅𝒆 (𝒏𝒐 𝑨𝑰).
𝑩𝒂𝒏𝒏𝒆𝒓 𝒅𝒆𝒔𝒊𝒈𝒏𝒆𝒅 𝒃𝒚 𝑳𝒖𝒎𝒊𝒊.
𝑳𝒐𝒗𝒆𝒅 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒑𝒐𝒔𝒕? 𝑼𝒑𝒗𝒐𝒕𝒆, 𝒄𝒐𝒎𝒎𝒆𝒏𝒕, 𝒐𝒓 𝒓𝒆𝒃𝒍𝒐𝒈 𝒕𝒐 𝒔𝒑𝒓𝒆𝒂𝒅 𝒕𝒉𝒆 𝒘𝒊𝒏𝒈𝒔 𝒐𝒇 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒕𝒊𝒗𝒊𝒕𝒚! 💛

VERSIÓN EN ESPAÑOL

18 años no son nada, pero lo son todo

Hace 18 años me otorgaron el título de médico y sé que para algunos será poco tiempo, pero para mí es casi la mitad de una vida entregada al afán de sanar, porque antes de esos 18 años como graduada vinieron 6 de estudiante, de madrugadas sin café suficiente, de manos temblorosas en la primera sutura, del primer “gracias, doctora” que me atravesó el alma.

Hoy sumo: 24 años desde que entré a la facultad, o sea, más de la mitad de mi vida dedicada a entender el dolor, a aliviarlo, a sentarme junto a una cama a decir verdades que duelen y esperanzas que sostienen. Y decidí que hoy lo celebro, no con fiesta ni fuegos artificiales, sino con la mirada atrás y hacia delante.

Atrás quedan montones de retos cumplidos: una especialidad en Medicina Familiar que me enseñó a ver al paciente entero, con su historia, su familia, su casa; una maestría en Enfermedades Infecciosas; un diplomado en Terapia Intensiva; y luego… la que me robó el corazón: mi especialidad en Neurología dedicada a la Pediatría.

Ahora cuido cerebros pequeños, sistemas nerviosos que aún se están construyendo, mientras miro a los ojos a madres que lo esperan todo y temen todo. He aprendido que un niño con una enfermedad neurológica no es solo un diagnóstico, sino que es una sonrisa que a veces no llega, una mirada que se pierde, una mano que no agarra, pero también es la terapia que funciona, la neurona que encuentra un camino nuevo, el milagro cotidiano de la plasticidad cerebral. Y ahí estoy yo, con mis dudas y mis certezas.

Todo esto lo he hecho en Cuba, con las dificultades que eso significa: la carencia de reactivos, los equipos que se rompen y no llegan repuestos, las guardias interminables, el sueldo que no alcanza, la fuga constante de colegas que se van a buscar lo que aquí escasea, pero también con la nobleza de un sistema que llegó donde otros no llegan, con una formación de excelencia que llevo como orgullo y con el calor humano que se vuelve medicina cuando la farmacia está vacía. He aprendido que el mayor recurso no está en una nevera de laboratorio, sino que está en la voluntad de no rendirse.

Por delante vislumbro mucho más, porque quiero seguir formándome, seguir preguntándome, seguir equivocándome y corrigiendo. La neurología pediátrica es un universo en expansión, y yo apenas voy despegando. Quiero escribir, enseñar, plantar semillas en los jóvenes que lleguen después, mientras veo a mis pacientes pequeños llegar a la adolescencia, a la adultez, a esa vida que parecía tan incierta el día del diagnóstico.
Hoy, al cumplir 18 años de médico, me detengo y me digo: gracias por quedarte y no haber cambiado el camino cuando otros se desviaron. 18 años no son nada, pero cuando los miras bien, lo son todo.

✨ ¡𝑮𝒓𝒂𝒄𝒊𝒂𝒔 𝒑𝒐𝒓 𝒍𝒆𝒆𝒓! ✨
𝑺𝒊 𝒂ú𝒏 𝒏𝒐 𝒎𝒆 𝒄𝒐𝒏𝒐𝒄𝒆𝒔: 𝒔𝒐𝒚 𝒏𝒆𝒖𝒓ó𝒍𝒐𝒈𝒂 𝒚 𝒆𝒔𝒄𝒓𝒊𝒕𝒐𝒓𝒂 𝒄𝒖𝒃𝒂𝒏𝒂, 𝒎𝒂𝒅𝒓𝒆, 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒚 𝒔𝒐ñ𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒏𝒄𝒐𝒏𝒕𝒓ó 𝒆𝒏 𝑯𝒊𝒗𝒆 𝒖𝒏 𝒉𝒆𝒓𝒎𝒐𝒔𝒐 𝒆𝒔𝒑𝒂𝒄𝒊𝒐 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒗𝒐𝒍𝒂𝒓.
𝑬𝒍 𝒕𝒆𝒙𝒕𝒐 𝒚 𝒍𝒂𝒔 𝒊𝒎á𝒈𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒔𝒐𝒏 𝒅𝒆 𝒎𝒊 𝒂𝒖𝒕𝒐𝒓í𝒂, 100% 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 (𝒔𝒊𝒏 𝑰𝑨).
𝑩𝒂𝒏𝒏𝒆𝒓 𝒅𝒊𝒔𝒆ñ𝒂𝒅𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝑳𝒖𝒎𝒊𝒊.
¿𝑻𝒆 𝒈𝒖𝒔𝒕ó 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝒑𝒖𝒃𝒍𝒊𝒄𝒂𝒄𝒊ó𝒏? 𝑽𝒐𝒕𝒂, 𝒄𝒐𝒎𝒆𝒏𝒕𝒂 𝒐 𝒓𝒆𝒃𝒍𝒐𝒈𝒖𝒆𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒂𝒚𝒖𝒅𝒂𝒓 𝒂 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒍𝒆𝒈𝒂𝒓 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒔 𝒂𝒍𝒂𝒔. 💛
Muchísimas felicidades mi querida amiga y colega, me has conmovido con esta hermosa publicación que has escrito con referencia a nuestra profesión y lo que ha significado para nosotros ejercerla en nuestro país entre muchas carencias pero a puro corazón. Hay algo que yo quiero decir a título personal y con el respeto debido a nuestros colegas que eligieron su legítimo derecho a tomar otros caminos lejos de Cuba, otros hemos decidido permanecer aquí porque si un país se queda sin médicos los problemas de salud no lo podrán resolver ni miles y miles de pesos, los insumos, los medicamentos sí los necesitamos y tú y yo y todos los que ejercemos la medicina ahora mismo en Cuba lo sabemos bien porque estamos a pie de obra, luchando pese a todo, sufriendo de impotencia cuando falta lo esencial. Me disculpo por decir esto en tu publicación pero es bueno que el mundo lo sepa, que el cerco económico contra nuestra nación está costando vidas. Los cubanos no nos merecemos semejante castigo y que encima se diga que es para nuestro bien, seguiremos aquí haciendo lo que nos toca y cumpliendo la vocación para la que fuimos llamados pero que el mundo entero sepa que el supuesto "fin de buenas intenciones" no justifica los medios... Te admiro mi amiga, mi colega, la doctora siempre fiel al juramento hipocrático que al graduarnos hicimos y mantendremos hasta las últimas consecuencias, con esa sensibilidad poética que también compartimos y que yo te admiro tanto. Me conmovieron también y mucho, las fotos de tu graduación. Mi cariño y mi admiración siempre 💕 mi entrañable amiga.