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Y la imagen de hoy es...

Imagen propiedad de @lanzjoseg

En esta edición de OPE quiero compartir una reflexión melancólica sobre un triste final que pocos solemos contemplar: el destino de los autobuses que llegan a su ultima parada.
Estos grandes vehículos nos llevan a nuestros destinos, y lo han hecho durante años, estas maquinas motorizadas fueron testigos de tantas historias, son como ese amigo cercano que siempre esta presente de alguna manera, y que estos terminen su ciclo de vida en un basurero olvidado es tan lamentable como un conocido que termina en un cementerio.
Imaginemos por un momento un autobús al final de su jornada: con sus asientos desgastados por el paso del tiempo y sus ventanas rotas. De un día para otro yace inmóvil entre hierros oxidados y carrocería vieja. Poco a poco, la corrosión comienza a devorar su estructura, la pintura se desprende y el óxido se apodera de todo su ser.
Es triste pensar que aquellos gigantes de la carretera que alguna vez brillaron bajo el sol ahora estén condenados al silencio y al abandono. En ese basurero donde se oxidan, no solo mueren piezas de metal, sino también leyendas de la autopista.
Este ciclo es inevitable, pero al tenerlo en cuenta podemos valorar más lo que tenemos y a reflexionar sobre el efímero paso del tiempo. Porque quizá, en la melancolía del óxido, hay una lección que debemos asimilar, y es que nada ni nadie dura para siempre.
Los grandes trozos de metal se oxidan y la gente simplemente se va, todo esta condenado a desaparecer de nuestra vista, pero eso no significa que haya dejado de existir.
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