Volver a casa
Después de pasar el fin de semana en casa de mi hija menor, en la hermosa ciudad de Matanzas, hoy regresé nuevamente a mi pueblo. Ese pueblo que tanto amo, donde crecí, donde crecieron mis hijas y ahora también mis nietas… pero del que tristemente ya casi no queda nada.
Regresar aquí es volver a una realidad dura. A un lugar donde la electricidad parece que la quitaron para nunca más ponerla, donde vivir se ha convertido en sobrevivir. Aquí hacemos los quehaceres de la casa con sacrificio, cocinamos con carbón y hasta tenemos que bañarnos con agua de lluvia porque el agua potable casi nunca llega.
Al entrar por la puerta de mi casa me recibió, como siempre, un apagón. Encendí el carbón para cocinarle la comida a mi padre encamado, que depende completamente de mí, y justo en ese momento comenzó a llover. Corrí a buscar todos los cubos y recipientes que encontré para ponerlos debajo de las goteras y las regaderas del techo del portal. Cada gota de lluvia aquí vale oro. Logré llenar un poco la cisterna y algunos pozuelos para poder pasar los próximos días.
Después me bañé con esa misma agua y me acosté a dormir. Esa noche soñé con mi nieto Lukas. Soñé con aquel día en la playa, con sus risas, con sus juegos, con la felicidad tan grande que sentí al verlo disfrutar. Lo abracé en mis sueños como si lo tuviera conmigo de verdad. Pero al despertar, ya no estaba. Solo había sido un sueño.
Lo extraño tanto…
Quisiera vivir cerca de él, verlo crecer, acompañarlo más, abrazarlo todos los días, pero las circunstancias de la vida no me lo permiten. Tengo a mi padre muy viejito, enfermo y dependiendo de mí, y aunque a veces el cansancio me vence, no sería capaz de abandonarlo.
Así es la vida muchas veces: nos obliga a dividir el corazón entre quienes amamos.
Me levanté temprano, preparé mi maleta, dejé llenos los pozuelos de comida y salí rumbo al trabajo. Cuando llegué ya había más de quince personas esperándome. Y por supuesto, tampoco había corriente.
Trabajo en el departamento de justicia haciendo antecedentes penales y actos de última voluntad. Muchas personas dependen de mi trabajo para poder resolver sus vidas, trabajar o hacer sus trámites. A veces las personas piensan que uno solo pone un sello o llena un papel, pero detrás de cada documento hay historias, necesidades y seres humanos esperando.
Y aunque muchas veces trabajo sin electricidad, cansada, preocupada y con problemas personales encima, sigo adelante.
Porque la vida me ha enseñado que ser fuerte no significa no llorar, sino levantarse aun llorando.
Hoy entendí algo importante: aunque mi pueblo esté destruido, aunque falte la corriente, el agua y muchas esperanzas, mientras yo conserve el amor por mi familia, las ganas de luchar y la capacidad de seguir ayudando a otros, todavía queda algo vivo dentro de mí.
Y eso nadie me lo puede apagar.

Termino agradecida por tanto apoyo que me han dado en especial a mi hija @diazktty y a mi yerno @valderalazaro por todo lo bonito que hacen por mi , también agradecer a sus amigos @bradleyarrow y @cathyarrow por ser personas tan especiales y tan querida por mi familia
También a la comunidad BBH por qué gracias a ellos estoy aquí en hive
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