Entrada al Concurso “Somos también fábula” de Literatos | El Rey de Hierro y el Roble Herido

Fuente
En una época donde las nubes aún sabían a lluvia y no a ceniza, existía un valle custodiado por un roble milenario, sus raíces eran el mapa del mundo subterráneo y su copa, un festín para el viento. Sin embargo, la sombra de la guerra, esa hidra que se alimenta de sí misma, no tardó en asomar sus dientes de acero por la colina.
Llegó el Rey de Hierro, un soberano cuyo corazón latía al ritmo de los martillos, no buscaba frutos, sino fronteras; no quería sombra, sino carbón.
—"Este valle es un estorbo para mi avance,"— rugió el Rey, señalando con su espada. —"Derribad el gigante de madera y transformad su cuerpo en lanzas, que el río se tiña de rojo, demostrad mi poder."
Los hachazos comenzaron a sonar como latidos agónicos, el roble, con una voz que parecía el crujir de una montaña, susurró al Rey:
—"Soberano, si cortas mis venas, secas las tuyas, si incendias el nido, dormirás en las brasas."
Pero el Rey, cegado por el humo de sus propias forjas, no escuchaba más que el himno de los tambores, la guerra se desató como un incendio sin control; los soldados, que alguna vez fueron campesinos, olvidaron el olor del trigo y aprendieron el del azufre. Los bosques fueron talados para construir máquinas de asedio; los ríos fueron desviados para inundar ciudades enemigas; y el aire, antes dulce, se volvió un sudario gris que ocultaba el sol.
Pasaron los años, el enemigo fue vencido, pero no hubo victoria, el Rey de Hierro se sentó en su trono de metal, mirando hacia su balcón, no vio campos dorados ni escuchó el canto de los pájaros, ante él se extendía un desierto de ceniza donde solo el viento aullaba entre las ruinas de su propio imperio, la tierra, herida de muerte, ya no daba pan, y el agua, amarga por la pólvora, no calmaba la sed.
El Rey, ahora viejo y solo, regresó al lugar donde antes estuvo el roble, solo encontró un tronco carbonizado, intentó llorar, pero sus ojos estaban tan secos como el suelo.
Moraleja:
El hombre que destruye el jardín para afilar su espada, terminará gobernando un imperio de polvo donde el único trofeo será su propia soledad, la guerra no solo mata al enemigo; asesina el mañana de quien la provoca.

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Interesante fábula, suerte en el concurso
Muchísimas gracias corazón