Emotional management as a strength / La gestión emocional como fortaleza (eng-esp)

Hello, friends of @holos-lotus.

The image of the empowered woman sold by certain narratives is suspiciously similar to a pillar of salt: unchanging, serene, impervious. I've been on enough stages to know that this image is false and, moreover, harmful. Strength isn't about not feeling; it's about managing what you feel without letting it destroy you or what you build.

I've cried in dressing rooms before going on stage. I've felt a cold rage against critics who reduced my work to my gender. I've experienced such intense frustration during rehearsals that I wanted to smash my guitar against the wall.

For years, I considered these emotions as evidence of weakness, as character flaws I should hide.

I would tell myself: "A serious concert pianist shouldn't get nervous." "A professional shouldn't get angry about a review." "A strong woman shouldn't fall apart because a string broke right on bar 47."

It took me far too long to understand that intense emotions are not the enemy. They are information. Anger tells me that a line I consider unfair has been crossed. Frustration tells me that something in my process needs to change.

Fear tells me that I am about to do something that truly matters to me. The problem isn't feeling; the problem is what I do with what I feel. Repression is explosive; venting without a filter is destructive. Channeling, on the other hand, is an active and deliberate decision.

I've developed personal protocols. Before an important performance, nervousness isn't combated by denying it. It's named: "I'm nervous, this matters to me, my body is preparing."

Breathing isn't a new age placebo; it's a physiological tool that regulates the nervous system. Four seconds inhaling, four exhaling, doesn't eliminate the emotion, but it prevents it from hijacking my fingers. My fingers need to be present, even if my mind is racing.

With anger, I learned not to write emails or make immediate decisions. Anger is an energy that demands urgent action, but urgent action is rarely wise. I wait twenty-four hours. If the grievance is still relevant the next day, then I act, but without the sharp edge of a rash reaction.

Sadness, on the other hand, doesn't need a solution. It needs space. I've canceled rehearsals because I couldn't maintain the concentration my work requires. It wasn't a lack of discipline; it was recognizing that forcing myself would have been counterproductive.

This approach doesn't make me seem unflappable. On the contrary. My students sometimes see me angry, or worried, or tired. But they also see me process those emotions without projecting them onto them.

They see me say "I need a moment" instead of exploding. They see me apologize if I've been abrupt, without wallowing in guilt. That, I believe, is more useful than any mask of perpetual serenity. It teaches them that emotions don't disqualify you from being competent. It teaches them that competence includes, precisely, knowing what to do with what you feel.

Emotional intelligence isn't the absence of storms. It's knowing when to lower the sails, when to change course, and when to accept that the wind is blowing against you and all you can do is wait. There's no weakness in that. It's a form of practical wisdom that I've needed thirty years to begin acquiring.


Versión en español


Hola, amigos de @holos-lotus.

La imagen de la mujer empoderada que venden ciertas narrativas es sospechosamente parecida a una estatua de sal: inalterable, serena, impermeable. He estado en suficientes escenarios para saber que esa imagen es falsa y, además, dañina. La fortaleza no consiste en no sentir; consiste en gestionar lo que sientes sin que te destruya ni destruya lo que construyes.

He llorado en camerinos antes de salir a tocar. He sentido una ira fría contra críticos que reducían mi trabajo a mi género. He experimentado una frustración tan densa durante ensayos que quise estrellar la guitarra contra la pared.
Durante años, consideré estas emociones como evidencias de debilidad, como fallos de carácter que debía ocultar.
Me decía: "Una concertista seria no debería ponerse nerviosa". "Una profesional no debería enfadarse por una reseña". "Una mujer fuerte no debería derrumbarse porque una cuerda se rompió justo en el compás 47".

Tardé demasiado en entender que las emociones intensas no son el enemigo. Son información. La ira me dice que han cruzado una línea que considero injusta. La frustración me dice que algo en mi proceso necesita cambiar.
El miedo me dice que estoy a punto de hacer algo que me importa de verdad. El problema no es sentir; el problema es qué hago con lo que siento. Reprimir es explosivo, desahogarse sin filtro es destructivo. Canalizar, en cambio, es una decisión activa y deliberada.

He desarrollado protocolos personales. Antes de una actuación importante, el nerviosismo no se combate negándolo. Se nombra: "Estoy nerviosa, esto me importa, mi cuerpo se está preparando".
La respiración no es un placebo new age; es una herramienta fisiológica que regula el sistema nervioso. Cuatro segundos inhalando, cuatro exhalando, no elimina la emoción, pero impide que secuestre mis dedos. Los dedos necesitan estar presentes, aunque la mente esté en ebullición.

Con la ira aprendí a no escribir correos ni tomar decisiones inmediatas. La ira es una energía que pide acción urgente, pero la acción urgente rara vez es sabia. Espero veinticuatro horas. Si el agravio sigue siendo relevante al día siguiente, entonces actúo, pero ya sin el filo cortante de la reacción en caliente.
La tristeza, por su parte, no necesita solución. Necesita espacio. He cancelado ensayos porque no podía sostener la concentración que requiere mi trabajo. No fue falta de disciplina; fue reconocer que forzarme habría sido contraproducente.

Esta gestión no me hace parecer imperturbable. Al contrario. Mis alumnos me ven enfadada a veces, o preocupada, o cansada. Pero también me ven procesar esas emociones sin proyectarlas sobre ellos.
Me ven decir "necesito un momento" en lugar de estallar. Me ven disculparme si he sido brusca, sin hundirme en la culpa. Eso, creo, es más útil que cualquier máscara de serenidad perpetua. Les enseña que las emociones no te inhabilitan para ser competente. Les enseña que la competencia incluye, precisamente, saber qué hacer con lo que sientes.

La inteligencia emocional no es ausencia de tormenta. Es saber cuándo recoger velas, cuándo cambiar de rumbo y cuándo aceptar que el viento sopla en contra y solo queda esperar. No hay debilidad en eso. Hay una forma de sabiduría práctica que he necesitado treinta años para empezar a adquirir.



0
0
0.000
2 comments
avatar

¡Felicitaciones!


Has sido votado por @entropia

Estás participando para optar a la mención especial que se efectuará el domingo 15 de febrero del 2026 a las 8:00 pm (hora de Venezuela), gracias a la cual el autor del artículo seleccionado recibirá la cantidad de 1 HIVE transferida a su cuenta.

¡También has recibido 1 ENTROKEN! El token del PROYECTO ENTROPÍA impulsado por la plataforma Steem-Engine.


1. Invierte en el PROYECTO ENTROPÍA y recibe ganancias semanalmente. Entra aquí para más información.

2. Contáctanos en Discord: https://discord.gg/hkCjFeb

3. Suscríbete a nuestra COMUNIDAD y apoya al trail de @Entropia y así podrás ganar recompensas de curación de forma automática. Entra aquí para más información sobre nuestro trail.

4. Visita nuestro canal de Youtube.

Atentamente

El equipo de curación del PROYECTO ENTROPÍA

0
0
0.000
avatar

Canalizar nuestras emociones no es tarea fácil, se requiere de mucha paciencia y tiempo, a veces solemos ser muy irihentes cuando tenemos irá, q lo sabré yo, personas que lo han hecho por no saber controlarse, se pierden amistades por eso, es lamentablemente, pero bueno, cada quien es como es, un gusto leerte.

Vota por el testigo @Hispapro // Vote for the @Hispapro witness

Keychain - Hive.blog - Ecency - Peakd

tu post ha sido votado por @Hispapro y curado manualmente por @ikigaidesign

0
0
0.000