El día que un perro cambió mi vida… pero no mi amor por los animales

Hola, querida comunidad.
Antes de comenzar, quiero agradecerles por la paciencia que han tenido conmigo durante estos días de ausencia. Los apagones han sido muy largos y mi teléfono apenas lograba cargarse entre un 20 % y un 30 % de batería. Esa poca energía la reservaba para llamadas de emergencia y mensajes importantes, así que tuve que desconectarme por un tiempo. Hoy, por fin, estoy de vuelta y quiero compartir con ustedes una historia muy personal.
Siempre he sentido un amor inmenso por los animales. Mi favorito, aunque parezca extraño, es el tiburón. Sé que es imposible tener uno en casa —a menos que seas uno de esos millonarios con acuarios gigantes—, pero desde pequeña me han fascinado.
Sin embargo, no solo ellos ocupan un lugar especial en mi corazón. Amo a los perros y a los gatos, mis animales domésticos preferidos. También me encantan los conejos, los hámsteres, los caballos, las vacas, los elefantes… En realidad, me gustan casi todos. A lo que sí les tengo respeto es a las ranas y a los insectos que pican. ¡Esos sí me hacen correr! Jajaja.
Pero hay algo que muchas personas no comprenden cuando les digo cuánto amo a los perros.
Cuando tenía apenas cinco años viví uno de los momentos más difíciles de mi infancia.
Un día fui con mi hermana y una prima a buscar unos mamoncillos que estaban guardados en el refrigerador de la casa de mis tíos. Al llegar, me dieron muchísimas ganas de ir al baño, pero mi hermana entró primero, solo para hacerme una broma. Como ya no podía aguantar más, salí al patio para hacer mis necesidades, sin darme cuenta de que estaba de espaldas al perro de la casa, un perro de pelea que normalmente era muy juguetón con nosotros.
El perro logró soltarse de la cadena y se lanzó sobre mi espalda jugando. Me hizo caer hacia delante y mi ojo derecho golpeó contra una roca, abriéndome el párpado. Al ver la sangre, el animal cambió completamente de comportamiento. Me mordió la cabeza, me sujetó por el cabello y comenzó a sacudirme por todo el patio.
El resultado fueron graves heridas en mi cabeza, diecisiete puntos de sutura en el párpado derecho y lesiones en los músculos del ojo. Durante mucho tiempo tuve que usar protección ocular. Comencé el primer grado con un ojo cubierto y aprendí a leer y escribir viendo solo con el otro. Pasé aproximadamente un año recuperándome hasta que, poco a poco, pude volver a hacer una vida normal.
Imagino el dolor que sintió mi mamá cuando le avisaron que un perro me había atacado. Ella cuenta que salió corriendo tan desesperada que ni siquiera recuerda cómo llegó a la clínica donde me atendían.
Después de aquello sí tuve miedo. Durante un tiempo, cada vez que pasaba cerca de un perro, las piernas me temblaban. Era un miedo muy real.
Pero el tiempo también cura las heridas del alma.
Hoy sigo amando profundamente a los animales. Entendí que un hecho tan doloroso no define a todos los perros ni borra los cientos de historias de amor, compañía y lealtad que tantas personas viven con ellos. Aquel accidente marcó mi infancia, pero no permitió que el miedo venciera al cariño que siento por esos seres que hacen nuestro mundo mucho más hermoso.
Porque los animales no conocen el rencor, solo responden a sus instintos y al trato que reciben. Y yo prefiero quedarme con el amor que pueden ofrecer antes que vivir para siempre atrapada en el recuerdo de aquel día.
¿Y ustedes? ¿Hay algún animal que amen con todo su corazón? Me encantará leerlos en los comentarios.
Con cariño,
Katy ❤️
Yo tengo un perrito que se llama Pinky y lo quiero muchísimo.
Es muy juguetón y cuando lo que hago es llegar a la casa, él sabe que soy yo porque empieza a hacer ruido y a mover su cola.
También es bastante travieso porque cuando se le echa la comida él cree que después se la van a quitar y se queda pendiente, para cualquier cosa defenderla. Jajaja
Cuando le echo comida luego tengo que regresar de reversa porque cuando me descuido me quiere morder, y aunque lo hace sin afincar los dientes igual me da miedo a veces, por eso tomo esa precaución de no quitarle la mirada de encima para poder retirarme con total tranquilidad.
De verdad me alegro que a pesar de que tuviste esa mala experiencia, aún así no perdiste el amor por los animales.
Cualquiera quizás hubiese quedado sin ganas de tener mascotas ó le perderían el afecto. 🙈
Gracias por compartirnos esa historia tan sensible y a la vez llena de espontaneidad y amor por los animales.
Un abrazo amiga Katy. 🫶🫂✨
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ellos le cambian la vida a uno, bendiciones
They change a person's life—blessings.