Good foundations / Los buenos cimientos (eng-esp)
Greetings, friends.
I am a writer, but before that, I was a reader. And before I was a reader, I was a child who was read stories at night. I don't come from a special gift, but from a habit built brick by brick since before I even have a memory. Therefore, I want to make something clear that I feel is essential: the habit of studying and reading is sown in early childhood, or its growth will always be more difficult and weak.
That's why, as parents and educators of the new generation, the architects of tomorrow, we must begin to cultivate good habits now, so that, as they grow up, they will already have them incorporated as something natural.
It's not about creating miracles, but about normalizing contact with books and concentration. The "how" is simple in its essence, although it requires consistency. It's the physical presence of books at home, within reach, like any other toy. It's the inviolable ritual of reading before bed, even if it's just for five minutes. It's letting the child choose the book, even if it's the same one for the hundredth time. It's answering "let's go find it" when they ask something, and browsing through an encyclopedia or atlas with them. It's about never using reading as punishment, but rather as a space for calm and shared curiosity. The message should be implicit and constant: this (the book, the question, the quiet time spent thinking) is part of life, like eating or playing.
The benefits for a young person, and later for an adult, aren't magical; they're practical and profound. A child accustomed to concentrating on a story develops an attentional muscle. In the classroom, this translates into greater autonomy. They can follow an explanation and are less likely to get lost. A teenager who reads regularly has a broader and more precise vocabulary. That's not elitism; it's the ability to understand complex instructions, to express ideas clearly in an exam, and to not feel lost when faced with a technical text. At university, the difference is enormous. Those who have the habit of processing written information don't get overwhelmed by the bibliography. They know how to summarize, compare, and synthesize. They don't study from scratch; they learn from practice.
In professional work, this translates into concrete advantages. Reading a contract, a report, or a procedures manual isn't torture; it's part of the workflow. The ability to learn independently is the most valuable skill in a constantly changing market. Those who are accustomed to learning on their own, to researching, to delving deeper into a topic through texts, adapt.
Furthermore, reading fosters empathy and perspective. It puts you in other people's shoes, it exposes you to other systems of thought. In any job that involves dealing with people, that's invaluable. In short, it's not about raising scholars, but about developing people with solid cognitive tools: sustained attention, reading comprehension, structured thinking, and active curiosity. It is, perhaps, the most useful and democratic legacy we can leave. It's not a guarantee of success, but it's a formidable protection against functional ignorance and intellectual dependence.

Saludos, amigas.
Soy escritora, pero antes que eso, fui lectora. Y antes que lectora, fui una niña al que le leían cuentos por la noche.
No parto de un don especial, sino de un hábito construido ladrillo a ladrillo desde antes incluso de tener memoria. Por eso, quisiera dejar algo claro y que siento imprescindible: el hábito del estudio y la lectura se siembra desde la primera infancia, o su crecimiento será siempre más tortuoso y débil.
Por eso, como padres y formadores de la nueva generación, de los artífices del mañana, debemos comenzar a formar los buenos hábitos desde ahora, para que, al crecer, ya los tengan incorporados como algo natural.
No se trata de crear prodigios, sino de normalizar el contacto con los libros y la concentración. El cómo es sencillo en su esencia, aunque requiera constancia. Es la presencia física de libros en casa, al alcance, como un juguete más. Es el ritual inviolable de la lectura antes de dormir, aunque sean cinco minutos. Es dejar que el niño elija el libro, aunque sea el mismo por centésima vez. Es responder “vamos a buscarlo” cuando pregunta algo, y hojear con él una enciclopedia o un atlas. Es no usar nunca la lectura como castigo, sino como un espacio de calma y curiosidad compartida. El mensaje debe ser tácito y constante: esto (el libro, la pregunta, el rato quieto pensando) es parte de la vida, como comer o jugar.
Los beneficios para un joven y luego para un adulto no son mágicos, son prácticos y brutales. Un niño acostumbrado a concentrarse en una historia desarrolla un músculo atencional. Eso, en el aula, se traduce en mayor autonomía. Puede seguir una explicación, puede perderse menos. Un adolescente que lee por hábito tiene un vocabulario más amplio y preciso.
Eso no es elitismo; es capacidad de comprender instrucciones complejas, de expresar sus ideas en un examen de forma clara, de no sentirse perdido ante un texto técnico. En la universidad, la diferencia es abismal. Quien tiene el hábito de procesar información escrita no se ahoga ante la bibliografía. Sabe resumir, contrastar, sintetizar. No estudia desde cero; estudia desde la práctica.
En el trabajo profesional, esto se cristaliza en ventajas concretas. Leer un contrato, un informe, un manual de procedimientos, no es una tortura, es parte del flujo. La capacidad de aprendizaje autónomo es la habilidad más valiosa en un mercado que cambia constantemente. Quien está acostumbrado a aprender por su cuenta, a investigar, a profundizar en un tema a través de textos, se adapta.
Además, la lectura forja empatía y perspectiva. Te pone en la piel de otros, te muestra otros sistemas de pensamiento. En cualquier trabajo que implique trato con personas, eso es oro. En resumen, no se trata de criar eruditos, sino de formar personas con herramientas cognitivas sólidas: atención sostenida, comprensión lectora, pensamiento estructurado y curiosidad activa. Es, quizás, la herencia más útil y democrática que podemos dejar. No es garantía de éxito, pero es una formidable protección contra la ignorancia funcional y la dependencia intelectual.



bonita reflexión
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La lectura es de vital importancia para la vida, pues además de e riquecer el vocabulario, puebla la mente de ideas y desarrolla la capacidad de interpretación y análisis. El hecho de conceder autonomía para elegir el tipo de lectura, es muy importante, sobre todo para principiantes, porque después de adquirir el hábito, se lee todo, pues se convierte en necesidad. Saludos desde Cuba