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◈ Hive Book Club

F. Mond y lo peculiar de su narrativa

Publicado en Español, Inglés y Portugués.


Editado en PhotoCollage


Buenas noches y dulces sueños.

Pero antes si les apetece deseo hablarles sobre un fenómeno muy curioso en la literatura.
Hablo de la mezcla del humor con la ciencia ficción, sin embargo no es simple, también parodia clásicos de la literatura.

A mi particularmente me deleita este tipo de lectura. Vamos allá.

La inmensa mayoría de los escritores se toman la literatura muy en serio, pero hay algunos como F. Mond, que la toman en serio pero se niegan a tomársela a sí mismos con esa solemnidad que suele ahuyentar al lector. Este escritor cubano
, ya fallecido, tiene varias novelas con ese estilo y un ejemplo es: Cecilia después o ¿Por qué la Tierra?. Les digo que es una lección magistral de cómo el humor no resta profundidad, sino que la construye desde otro lugar donde prima la inteligencia que prefiere reírse del absurdo antes que llorar sobre él.


F. Mond

Fuente: Foto tomada de EcuRed


Mond no parodia a Cirilo Villaverde, autor de Cecilia Valdez ( clásico de la literatura cubana) por menosprecio, sino todo lo contrario. Solo se permite jugar con un clásico quien lo ha leído con devoción y lo que hace es trasladar el melodrama decimonónico a un escenario donde la gravedad de los conflictos se resuelve no con puñales o deshonras, sino con la lógica irrefutable del disparate. Porque el autor sabía algo fundamental: el cubano, frente a la tragedia, prefiere el chiste y eso no es frivolidad, es supervivencia. El que conozca a los cubanos de pura cepa, lo sabe bien.

El mejor ejemplo está en el clímax de la novela, cuando el Santo Oficio se apresta a quemar un niño marciano por hereje. En cualquier relato de ciencia ficción convencional, ese momento exigiría una batalla espacial o un deus ex machina tecnológico. Mond, en cambio, pone al pequeño extraterrestre a hacer preguntas: "¿Si el pecado original fue por una manzana, por qué no perdonan con un mango?" Los inquisidores, entrenados en teología pero no en lógica absurda, se enredan en sus propias respuestas hasta que el auto de fe se convierte en un debate de café. Y el pueblo, en lugar de terror, suelta carcajadas. La Inquisición no cae derrotada por un poder superior, sino por el ridículo. Eso es Mond en estado puro, desactivar la opresión con la risa.

Imagínese usted que la novela solo tiene Primera parte y Tercera parte, carece de la Segunda parte, porque según el autor " las segundas partes nunca fueron buenas".

Pero el genio del autor va más allá del gag, al incluir al propio Cirilo Villaverde como personaje y hacerle decir en la última página que prefiere esta versión a la suya, Mond está defendiendo una tesis audaz y es que los clásicos no son momias que deban venerarse en vitrina, sino materia viva que cada generación puede reinventar. Y esa reinvención, hecha con humor y cariño, no traiciona al original: lo actualiza, lo airea, lo salva del polvo de las bibliotecas.


Fuente


El libro, en suma, es una celebración de esa sabiduría popular que Mond supo convertir en literatura, la que dice que la vida es demasiado corta para tomarla en serio, y demasiado larga para no reírse de ella. Por eso, cuando el niño marciano termina cultivando frutas gigantes en las afueras de La Habana, el lector entiende que Mond no está escribiendo una novela de ciencia ficción, sino un manual de resistencia criolla, no hay inquisidor que pueda contra un cubano que sabe reírse hasta de sus propios dioses.

"Cecilia después" es un acto de fe en el poder terapéutico del choteo y F. Mond, desde esa dimensión paralela que llamó Korad, nos dejó dicho que la mejor manera de entender la Tierra no es colonizarla, sino parodiarla, porque, como bien sabía, el humor es la única nave interestelar que siempre encuentra puerto.

¿Te gustaría este tipo de lectura? La escritura de F. Mond es renovadora y te deja con una sensación de bienestar y una risa que te dura para siempre.




🇬🇧 # ENGLISH



Good evening and sweet dreams.

But first, if you feel like it, I'd like to talk to you about a very curious phenomenon in literature. I'm talking about the blend of humor with science fiction, but it's not just that—it also parodies literary classics.

I personally delight in this kind of reading. So, let's go.

The vast majority of writers take literature very seriously, but there are some, like F. Mond, who take it seriously yet refuse to take themselves with that solemnity that often scares the reader away. This Cuban writer, now deceased, has several novels in that style, and one example is: Cecilia después o ¿Por qué la Tierra? (Cecilia Afterward or Why the Earth?). I tell you, it's a masterclass in how humor doesn't subtract depth but builds it from another place where intelligence reigns, preferring to laugh at the absurd rather than weep over it.

Mond does not parody Cirilo Villaverde, author of Cecilia Valdés (a classic of Cuban literature), out of contempt—quite the opposite. Only someone who has read a classic with devotion dares to play with it, and what he does is transplant the nineteenth-century melodrama to a setting where the gravity of conflicts is resolved not with daggers or dishonor, but with the irrefutable logic of absurdity. Because the author knew something fundamental: Cubans, when faced with tragedy, prefer a joke—and that's not frivolity, it's survival. Anyone who knows true-blue Cubans knows this well.

The best example is in the novel's climax, when the Holy Office is about to burn a Martian child for heresy. In any conventional sci-fi story, that moment would demand a space battle or a technological deus ex machina. Mond, instead, has the little extraterrestrial asking questions: "If original sin came from an apple, why don't they forgive with a mango?" The inquisitors, trained in theology but not in absurd logic, get tangled up in their own answers until the auto-da-fé turns into a café debate. And the crowd, instead of terror, bursts into laughter. The Inquisition isn't defeated by a superior power, but by ridicule. That's Mond in his purest form—disarming oppression with laughter.

Imagine this: the novel only has a First Part and a Third Part; it lacks a Second Part, because according to the author, "sequels were never any good."

But the author's genius goes beyond the gag. By including Cirilo Villaverde himself as a character and having him say on the last page that he prefers this version to his own, Mond is defending a bold thesis: classics are not mummies to be venerated in a glass case, but living matter that each generation can reinvent. And that reinvention, done with humor and affection, does not betray the original—it updates it, airs it out, saves it from the dust of libraries.

The book, in short, is a celebration of that folk wisdom that Mond knew how to turn into literature—the one that says life is too short to take seriously, and too long not to laugh at it. That's why, when the Martian child ends up growing giant fruits on the outskirts of Havana, the reader understands that Mond isn't writing a science fiction novel, but a manual of Creole resistance—no inquisitor can stand against a Cuban who knows how to laugh even at his own gods.

Cecilia después is an act of faith in the therapeutic power of mockery, and F. Mond, from that parallel dimension he called Korad, left us with the message that the best way to understand Earth is not to colonize it, but to parody it—because, as he well knew, humor is the only interstellar ship that always finds harbor.

Would you like this kind of reading? F. Mond's writing is refreshing and leaves you with a sense of well-being and a laugh that lasts forever.




🇧🇷 # PORTUGUÊS



Boa noite e doces sonhos.

Mas antes, se quiserem, gostaria de falar sobre um fenômeno muito curioso na literatura. Falo da mistura de humor com ficção científica, mas não é só isso—também parodia os clássicos da literatura.

Eu, particularmente, me delicio com esse tipo de leitura. Vamos lá.

A imensa maioria dos escritores leva a literatura muito a sério, mas há alguns, como F. Mond, que a levam a sério mas se recusam a levar a si mesmos com aquela solenidade que costuma afugentar o leitor. Este escritor cubano, já falecido, tem vários romances com esse estilo, e um exemplo é: Cecilia después o ¿Por qué la Tierra? (Cecília depois ou Por que a Terra?). Digo-lhes que é uma lição magistral de como o humor não subtrai profundidade, mas a constrói a partir de outro lugar, onde predomina a inteligência que prefere rir do absurdo a chorar sobre ele.

Mond não parodia Cirilo Villaverde, autor de Cecilia Valdés (clássico da literatura cubana), por menosprezo—muito pelo contrário. Só se permite brincar com um clássico quem o leu com devoção, e o que ele faz é transportar o melodrama oitocentista para um cenário onde a gravidade dos conflitos se resolve não com punhais ou desonras, mas com a lógica irrefutável do absurdo. Porque o autor sabia de algo fundamental: o cubano, diante da tragédia, prefere a piada—e isso não é frivolidade, é sobrevivência. Quem conhece cubanos de raiz, sabe bem disso.

O melhor exemplo está no clímax do romance, quando o Santo Ofício está prestes a queimar uma criança marciana por herege. Em qualquer relato convencional de ficção científica, esse momento exigiria uma batalha espacial ou um deus ex machina tecnológico. Mond, em vez disso, coloca o pequeno extraterrestre a fazer perguntas: "Se o pecado original foi por uma maçã, por que não perdoam com uma manga?" Os inquisidores, treinados em teologia mas não em lógica absurda, enredam-se nas próprias respostas até que o auto de fé se transforma num debate de café. E o povo, em vez de terror, solta gargalhadas. A Inquisição não é derrotada por um poder superior, mas pelo ridículo. Isso é Mond em estado puro—desarmar a opressão com o riso.

Imagine só: o romance tem apenas Primeira parte e Terceira parte; não tem Segunda parte, porque segundo o autor, "as segundas partes nunca foram boas".

Mas o gênio do autor vai além da piada. Ao incluir o próprio Cirilo Villaverde como personagem e fazê-lo dizer, na última página, que prefere esta versão à sua, Mond defende uma tese ousada: os clássicos não são múmias que devem ser veneradas em vitrine, mas matéria viva que cada geração pode reinventar. E essa reinvenção, feita com humor e carinho, não trai o original—atualiza-o, areja-o, salva-o do pó das bibliotecas.

O livro, em suma, é uma celebração daquela sabedoria popular que Mond soube transformar em literatura—a que diz que a vida é curta demais para ser levada a sério, e longa demais para não rirmos dela. Por isso, quando a criança marciana acaba cultivando frutas gigantes nos arredores de Havana, o leitor entende que Mond não está escrevendo um romance de ficção científica, mas um manual de resistência crioula—nenhum inquisidor pode contra um cubano que sabe rir até dos próprios deuses.

Cecilia después é um ato de fé no poder terapêutico do escárnio, e F. Mond, daquela dimensão paralela que chamou de Korad, deixou-nos dito que a melhor maneira de entender a Terra não é colonizá-la, mas parodiá-la, porque, como bem sabia, o humor é a única nave interestelar que sempre encontra porto.

Você gostaria desse tipo de leitura? A escrita de F. Mond é renovadora e deixa uma sensação de bem-estar e um riso que dura para sempre.




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