Publicadoen Español, Inglés y Portugués.
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Buenas noches, dulces sueños.
Hola, amigos. Alguna vez se ha quejado usted de la soledad. Aunque hay muchas formas de soledad, nosotros los humanos nunca estamos solos. Nos habita un universo de microseres que sin ellos no podríamos vivir, es La Microbiota Intestinal. Aunque no es la única que tenemos, si es la que rige la relación con nuestro organismo.
Ustedes se preguntarán ¿Y eso que tiene que ver con esta comunidad? Bueno, bastante.
Soy Médica Microbióloga, recuerdo que cuando estaba en la semana de pruebas estatales para terminar la especialidad debía discutir un tema novedoso y fue relacionado con la microbiota.
Ahora mis amigos, quiero, desde la humildad de mi conocimiento compartirles esto, como consejo e intentar que vean la gran importancia que tiene en nuestro equilibrio integral.
En nuestro silencio interior habita un universo, son billones de microorganismos que llevan tu firma, que te hablan en formas que apenas empezamos a descifrar. No son invitados, son coanfitriones de tu existencia y se llaman Microbiota.
Como médico, se que la ciencia nos da mapas, pero como persona que también busca, sé que los mapas no sirven si no conectan con el corazón de lo que somos. Y hoy como les dije vamos a mirar hacia dentro, pero no con juicio, sino con curiosidad.
Tu microbiota y tu mente mantienen un diálogo constante, lo que ocurre en tu intestino no se queda alli. Esa comunidad de seres vivos que te habita produce moléculas que viajan hasta tu cerebro, modulando tu estado de ánimo, tu claridad mental, incluso tu manera de enfrentar el miedo o la incertidumbre.
Estamos hablando de bioquímica con nombre propio, nombres que ya hemos oído decir por ahí, hasta en redes sociales tales como: serotonina, dopamina, GABA. Ellos son precursores que necesitan materia prima para nacer y esa materia prima llega, en gran parte, de lo que pones en tu plato.
Hay pequeños grandes aliados y no se trata de dietas restrictivas ni de listas interminables, es solo volver a lo esencial.
La piña, por ejemplo, no es solo dulzura tropical, tiene bromelina, una sustancia vital y única que alimentan a esas bacterias que cuidan de ti, mientras sus nutrientes ofrecen el sustrato para que tu cerebro pueda fabricar esa sensación de bienestar que tanto anhelas.
Junto a ella hay otros compañeros de viaje como el plátano verde y avena, para que las bacterias buenas tengan su combustible favorito. También alimentos fermentados como el yogur o el kéfir, que traen vida nueva a tu ecosistema interior.
Y esa maravilla de los frutos secos y semillas, con su magnesio y triptófano, ayudando a que esa serotonina encuentre su camino.
Mis amigos esto no se trata de perfección, se trata de presencia, de elegir, desde el cariño, aquello que nutre no solo tu cuerpo, sino también esa conversación silenciosa entre tu intestino y tu mente.
Cuidar de ti es cuidar de ellos, y cuidar de ellos es cuidar de ti
El crecimiento personal no es solo meditar, leer o reflexionar. También es honrar ese ecosistema que te sostiene. Es entender que no estás solo, que dentro de ti hay millones de seres vivos que dependen de tus elecciones, y que a cambio te regalan energía, claridad, equilibrio.
Y cuando esto falla, cuando notas niebla mental, fatiga o ese desánimo sin nombre, quizá no sea solo la vida. Lo más probable es que sea tu jardín interior pidiéndote atención.
Hago, desde la amabilidad y mediante este post un llamado al cuidado de la sensible Microbiota
No estás solo, te habitan, te acompañan, dependen de ti, y tú dependes de ellos. Esa es la danza más íntima y olvidada de nuestra existencia.
Así que hoy, antes de pensar en lo que debes hacer, piensa en lo que puedes ofrecer. Un vaso de agua, una fruta fresca, un puñado de nueces, un poco de calma. Pequeños gestos que resonarán en tu interior como un eco de vida.
Cuida tu jardín. No por obligación, sino porque mereces florecer y ellos también.

ENGLISH
Good evening, sweet dreams.
Hello, friends. Have you ever complained about loneliness? Although there are many forms of loneliness, we humans are never truly alone. We are inhabited by a universe of microorganisms without which we could not live—this is the Intestinal Microbiota. Although it is not the only one we have, it is the one that governs the relationship with our body.
You may be wondering: What does that have to do with this community? Well, quite a lot.
I am a Medical Microbiologist. I remember that during the week of state exams to complete my specialty, I had to discuss a novel topic, and it was related to the microbiota.
Now, my friends, I want, from the humility of my knowledge, to share this with you as advice and to try to help you see the great importance it has in our overall balance.
In our inner silence dwells a universe—billions of microorganisms that carry your signature, that speak to you in ways we are only beginning to decipher. They are not guests; they are co-hosts of your existence, and they are called the Microbiota.
As a doctor, I know that science gives us maps, but as a person who also seeks, I know that maps are useless if they do not connect with the heart of what we are. And today, as I told you, we are going to look inward—not with judgment, but with curiosity.
Your microbiota and your mind maintain a constant dialogue. What happens in your gut does not stay there. This community of living beings that inhabits you produces molecules that travel all the way to your brain, modulating your mood, your mental clarity, and even how you face fear or uncertainty.
We are talking about biochemistry with its own names—names we have already heard here and there, even on social media, such as serotonin, dopamine, GABA. They are precursors that need raw material to be born, and that raw material comes, in large part, from what you put on your plate.
There are small great allies, and this is not about restrictive diets or endless lists—it is simply about returning to the essentials.
Pineapple, for example, is not just tropical sweetness; it contains bromelain, a vital and unique substance that feeds those bacteria that take care of you, while its nutrients provide the substrate for your brain to manufacture that sense of well-being you so long for.
Alongside it, there are other travel companions like green plantain and oats, to give the good bacteria their favorite fuel. Also fermented foods like yogurt or kefir, which bring new life to your inner ecosystem.
And that wonder of nuts and seeds, with their magnesium and tryptophan, helping serotonin find its way.
My friends, this is not about perfection—it is about presence, about choosing, with care, what nourishes not only your body but also that silent conversation between your gut and your mind.
Taking care of yourself is taking care of them, and taking care of them is taking care of yourself.
Personal growth is not just meditating, reading, or reflecting. It is also honoring that ecosystem that sustains you. It is understanding that you are not alone—that inside you there are millions of living beings that depend on your choices, and in return, they give you energy, clarity, balance.
And when this fails, when you notice brain fog, fatigue, or that nameless discouragement, perhaps it is not just "life." Most likely, it is your inner garden asking for your attention.
I make, with kindness and through this post, a call to care for the sensitive Microbiota.
You are not alone—they inhabit you, they accompany you, they depend on you, and you depend on them. That is the most intimate and forgotten dance of our existence.
So today, before thinking about what you must do, think about what you can offer. A glass of water, a fresh fruit, a handful of walnuts, a little calm. Small gestures that will resonate within you like an echo of life.
Take care of your garden. Not out of obligation, but because you deserve to flourish—and so do they.

PORTUGUÊS
Boa noite, bons sonhos.
Olá, amigos. Alguma vez você já reclamou da solidão? Embora existam muitas formas de solidão, nós, humanos, nunca estamos sozinhos. Somos habitados por um universo de microrganismos sem os quais não poderíamos viver—esta é a Microbiota Intestinal. Embora não seja a única que temos, é ela quem rege a relação com o nosso organismo.
Vocês devem estar se perguntando: O que isso tem a ver com esta comunidade? Bem, bastante.
Sou Médica Microbiologista. Lembro que, durante a semana de provas estaduais para concluir a especialidade, eu precisava discutir um tema inovador e ele era relacionado à microbiota.
Agora, meus amigos, quero, com a humildade do meu conhecimento, compartilhar isso com vocês como um conselho e tentar fazê-los ver a grande importância que isso tem no nosso equilíbrio integral.
Em nosso silêncio interior habita um universo—são bilhões de microrganismos que carregam sua assinatura, que falam com você de formas que mal começamos a decifrar. Eles não são convidados, são co-anfitriões da sua existência e se chamam Microbiota.
Como médica, sei que a ciência nos dá mapas, mas como pessoa que também busca, sei que os mapas não servem se não se conectarem com o coração do que somos. E hoje, como lhes disse, vamos olhar para dentro—não com julgamento, mas com curiosidade.
Sua microbiota e sua mente mantêm um diálogo constante. O que acontece no seu intestino não fica por lá. Essa comunidade de seres vivos que habita em você produz moléculas que viajam até o seu cérebro, modulando seu humor, sua clareza mental e até mesmo sua maneira de enfrentar o medo ou a incerteza.
Estamos falando de bioquímica com nome próprio—nomes que já ouvimos por aí, até nas redes sociais, como serotonina, dopamina, GABA. Eles são precursores que precisam de matéria-prima para nascer, e essa matéria-prima vem, em grande parte, do que você coloca no prato.
Existem pequenos grandes aliados, e não se trata de dietas restritivas nem de listas intermináveis—é apenas voltar ao essencial.
O abacaxi, por exemplo, não é apenas doçura tropical; tem bromelina, uma substância vital e única que alimenta as bactérias que cuidam de você, enquanto seus nutrientes oferecem o substrato para que seu cérebro possa fabricar aquela sensação de bem-estar que você tanto deseja.
Junto com ele, há outros companheiros de viagem como a banana-verde e a aveia, para que as bactérias boas tenham seu combustível favorito. Também alimentos fermentados como iogurte ou kefir, que trazem vida nova ao seu ecossistema interior.
E aquela maravilha das castanhas e sementes, com seu magnésio e triptofano, ajudando a serotonina a encontrar seu caminho.
Meus amigos, isso não se trata de perfeição—trata-se de presença, de escolher, com carinho, aquilo que nutre não apenas seu corpo, mas também essa conversa silenciosa entre seu intestino e sua mente.
Cuidar de você é cuidar deles, e cuidar deles é cuidar de você.
O crescimento pessoal não é apenas meditar, ler ou refletir. É também honrar esse ecossistema que te sustenta. É entender que você não está sozinho—que dentro de você há milhões de seres vivos que dependem de suas escolhas e que, em troca, te dão energia, clareza, equilíbrio.
E quando isso falha, quando você nota névoa mental, fadiga ou aquele desânimo sem nome, talvez não seja apenas "a vida". O mais provável é que seja seu jardim interior pedindo atenção.
Faço, com amabilidade e através deste post, um chamado ao cuidado da sensível Microbiota.


Você não está sozinho—eles te habitam, te acompanham, dependem de você, e você depende deles. Essa é a dança mais íntima e esquecida da nossa existência.
Então hoje, antes de pensar no que você precisa fazer, pense no que você pode oferecer. Um copo de água, uma fruta fresca, um punhado de nozes, um pouco de calma. Pequenos gestos que vão ressoar dentro de você como um eco de vida.
Cuide do seu jardim. Não por obrigação, mas porque você merece florescer—e eles também.
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