Publicadoen Español, Inglés y Portugués.
Editado en PhotoCollage
Buenas noches, les deseo un sueño tranquilo.
Amigo @emiliorios, un saludo. En serio es usted un surtidor de buenas ideas. La reflexión que lanza a la palestra es, sin más, identidad propia. Con su anuencia voy a reflexionar desde mi experiencia y parecer.
Hace mucho tiempo que mis límites están bien establecidos, no ha sido fácil y por eso muchos se han alejado de mi, pero la identidad no se negocia.
Recuerdo la primera vez, creo que fue la primera, que traicioné mi identidad. Fue en una comida con compañeros de trabajo, allí alguien soltó un comentario que me pareció profundamente injusto. Creame que yo sabía que debía hablar y no lo hice, en lugar de eso, sonreí, bajé la mirada y me concentré en mi comida y la cerveza.
Esa noche, carísimos amigos, cuando llegue a casa me sentí incómoda, no pude dormir. No era el comentario del otro lo que me molestaba, era yo, mi silencio cómplice. Me había vendido por un rato de tranquilidad y por no ser "la que siempre protesta o la rosca izquierda" como me dicen a veces.
Ahi está la trampa de la identidad, no la pierdes en un gran discurso de traición, lo haces en pequeños pactos con el miedo.
Ejemplos no faltan. Conozco a alguien que, para encajar en su nuevo trabajo, empezó a imitar el humor ácido de su jefe y así comenzó a reir chistes que le parecían hirientes, aplaudir decisiones que en su consideración eran erróneas. Y bueno al principio era "solo por adaptarse", pero seis meses después, no reconocía sus propias opiniones. Había dejado de tenerlas. No se como lo vean, pero es, no se, casi repugnante.
Otro ejemplo, porque de esos sobran, es una amiga que cambió su forma de vestir, su manera de hablar y hasta sus aficiones para gustarle a su pareja. Wso se ve mucho, si señores. Dejó el cine independiente que amaba por las películas de acción que él prefería y cuando terminaron ya ella no sabía ni quién era sin él. No tenía gustos propios, nada, se había borrado por completo.
¿Alguna ves han oido esto? "Es que soy muy flexible". Se que la han oído cientos de veces. Lo usamos para justificar nuestra falta de límites, ser flexible no es lo mismo que ser moldeable. Es lo mimso que con el bambú, una caña de bambú se dobla pero no se quiebra. Nosotros, en cambio, nos retorcemos hasta partirnos, creyendo que eso es "saber estar".
Les digo algo sin miramientos, si puedes ser cualquiera, no eres nadie. Si eres intercambiable para encajar en cualquier grupo o pareja, ¿qué te hace especial? Tu identidad es lo único que no puedes negociar eso es lo que te sostiene cuando todo lo demás se tambalea.
Hay algo importante que debemos saber, el peor lugar donde perder tu identidad es en el amor. Porque el amor te pide entrega, sí, pero hay una línea y esa línea se cruza cuando empiezas a pensar: "Si digo esto, se enfadará", "si hago esto, me dejará",
"mejor finjo que me gusta esto para no discutir."
Eso no es amor, es miedo. El amor genuino no te pide que te empequeñezcas. Te pide que te expandas y si alguien te obliga a negarte para quedarte, lo que estás perdiendo no es una relación, no, es tu esencia.
Defender la identidad no es ir por la vida dando discursos ni peleándote con todo el mundo. Es mucho más sencillo y mucho más difícil a la vez, es no moverte.
Es que cuando te pregunten algo, respondas lo que piensas, aunque tiembles. Es que cuando alguien haga un chiste que te ofenda, no sonrías o si te piden que te encojas, no lo hagas, si no encajas, lo sientes y ya, pero eso no te vas a despedazar para que encajes solo para agradar.
Perder la identidad no duele como un golpe, se siente como un vacío. Como ese momento en el que te das cuenta de que hace años que no haces algo que realmente te gusta, no dices lo que realmente piensas, o simple, no eres realmente tú.
Y el problema no es que los demás no te reconozcan. El problema es que tú ya no te reconoces a ti misma.
Así que pon el límite, ahora mismo antes de que sea tarde. Porque tu identidad no es una postura ni una moda. Es tu único hogar y si no lo defiendes tú, no lo hará nadie.

ENGLISH
Good evening, I wish you a peaceful sleep.
Friend @emiliorios, greetings. You truly are a fountain of good ideas. The reflection you bring to the table is, simply put, identity itself. With your permission, I'll reflect from my own perspective.
It's been a long time since my boundaries were well established. It hasn't been easy, and that's why many have drifted away from me, but identity is not negotiable.
I remember the first time—I think it was the first—that I betrayed my identity. It was at a meal with coworkers. Someone made a comment that I found deeply unfair. Believe me, I knew I should speak up, but I didn't. Instead, I smiled, looked down, and focused on my food and beer.
That night, my dear friends, when I got home, I felt uncomfortable. I couldn't sleep. It wasn't the other person's comment that bothered me—it was me, my complicit silence. I had sold myself out for a moment of peace and for not being "the one who always complains" or "the left-wing troublemaker," as they sometimes call me.
That's the trap of identity: you don't lose it in a grand speech of betrayal. You lose it in small pacts with fear.
Examples abound. I know someone who, to fit in at their new job, started mimicking their boss's acidic humor—laughing at jokes they found hurtful, applauding decisions they considered wrong. At first, it was "just to adapt," but six months later, they didn't recognize their own opinions. They had stopped having them. I don't know how you see it, but it's, well, almost repulsive.
Another example—and there are plenty—is a friend who changed her way of dressing, her way of speaking, and even her hobbies to please her partner. This happens a lot, yes sir. She gave up the independent cinema she loved for the action movies he preferred, and when they broke up, she didn't even know who she was without him. She had no tastes of her own, nothing. She had erased herself completely.
Have you ever heard this? "I'm just very flexible." I know you've heard it hundreds of times. We use it to justify our lack of boundaries. Being flexible is not the same as being moldable. It's like bamboo—a bamboo stalk bends but doesn't break. We, on the other hand, twist ourselves until we crack, believing that's "knowing how to be."
I'll tell you something bluntly: if you can be anyone, you are no one. If you're interchangeable to fit into any group or relationship, what makes you special? Your identity is the only thing you cannot negotiate—it's what holds you up when everything else shakes.
There's something important we must know: the worst place to lose your identity is in love. Because love asks for surrender, yes, but there's a line—and that line is crossed when you start thinking: "If I say this, they'll get angry," "If I do this, they'll leave me," "Better pretend I like this to avoid an argument."
That's not love—it's fear. Genuine love doesn't ask you to shrink. It asks you to expand. And if someone forces you to deny yourself to stay, what you're losing isn't a relationship—no—it's your essence.
Defending your identity isn't about going through life giving speeches or fighting with everyone. It's much simpler and much harder at the same time: it's not moving.
It's that when someone asks you something, you answer what you think, even if you tremble. It's that when someone makes a joke that offends you, you don't smile. It's that if they ask you to shrink, you don't. If you don't fit in, sorry, but you're not going to tear yourself apart to fit in just to please.
Losing your identity doesn't hurt like a blow—it feels like emptiness. Like that moment when you realize you haven't done something you truly enjoy in years, you don't say what you really think, or simply, you're not really you.
And the problem isn't that others don't recognize you. The problem is that you no longer recognize yourself.
So set the boundary, right now, before it's too late. Because your identity isn't a stance or a fad. It's your only home—and if you don't defend it, no one else will.

PORTUGUÊS
Boa noite, desejo a vocês um sono tranquilo.
Amigo @emiliorios, um abraço. Você é realmente uma fonte de boas ideias. A reflexão que você traz à tona é, sem mais, identidade pura. Com sua permissão, vou refletir a partir da minha.
Já faz muito tempo que meus limites estão bem estabelecidos. Não foi fácil, e por isso muitos se afastaram de mim, mas a identidade não se negocia.
Lembro da primeira vez—acho que foi a primeira—que traí minha identidade. Foi num almoço com colegas de trabalho. Alguém soltou um comentário que achei profundamente injusto. Acredite, eu sabia que devia falar, mas não o fiz. Em vez disso, sorri, baixei o olhar e me concentrei na minha comida e na cerveja.
Naquela noite, caríssimos amigos, quando cheguei em casa, me senti desconfortável. Não consegui dormir. Não era o comentário do outro que me incomodava—era eu, meu silêncio cúmplice. Eu tinha me vendido por um momento de paz e por não ser "a que sempre reclama" ou "a esquerdista" como às vezes me chamam.
Aí está a armadilha da identidade: você não a perde num grande discurso de traição. Você a perde em pequenos pactos com o medo.
Exemplos não faltam. Conheço alguém que, para se encaixar no novo trabalho, começou a imitar o humor ácido do chefe—rindo de piadas que achava ofensivas, aplaudindo decisões que considerava erradas. No começo, era "só para se adaptar", mas seis meses depois, não reconhecia mais as próprias opiniões. Tinha deixado de tê-las. Não sei como vocês veem isso, mas é, sei lá, quase repugnante.
Outro exemplo—e desses há muitos—é uma amiga que mudou seu jeito de se vestir, de falar e até seus hobbies para agradar o parceiro. Isso acontece muito, sim senhor. Ela largou o cinema independente que amava pelos filmes de ação que ele preferia e, quando terminaram, ela já não sabia mais quem era sem ele. Não tinha gostos próprios, nada. Tinha se apagado por completo.
Vocês já ouviram isso? "É que sou muito flexível." Sei que já ouviram centenas de vezes. Usamos isso para justificar nossa falta de limites. Ser flexível não é o mesmo que ser moldável. É como o bambu—uma vara de bambu se curva, mas não quebra. Nós, por outro lado, nos torcemos até nos partir, achando que isso é "saber estar".
Vou dizer uma coisa sem rodeios: se você pode ser qualquer um, você não é ninguém. Se você é substituível para se encaixar em qualquer grupo ou relação, o que te torna especial? Sua identidade é a única coisa que você não pode negociar—é o que te sustenta quando tudo o mais balança.
Há algo importante que precisamos saber: o pior lugar para perder sua identidade é no amor. Porque o amor pede entrega, sim, mas há uma linha—e essa linha é cruzada quando você começa a pensar: "Se eu disser isso, ele/ela vai ficar bravo(a)", "Se eu fizer isso, vai me deixar", "Melhor fingir que gosto disso para não discutir."
Isso não é amor—é medo. O amor genuíno não pede que você se diminua. Ele pede que você se expanda. E se alguém te obriga a se negar para ficar, o que você está perdendo não é uma relação—não—é sua essência.
Defender a identidade não é andar pela vida dando discursos nem brigando com todo mundo. É muito mais simples e muito mais difícil ao mesmo tempo: é não se mexer.
É que quando te perguntarem algo, você responda o que pensa, mesmo tremendo. É que quando alguém fizer uma piada que te ofenda, você não sorria. É que se pedirem para você se encolher, você não o faça. Se você não se encaixa, sinto muito, mas você não vai se despedaçar para se encaixar só para agradar.
Perder a identidade não dói como um golpe—parece um vazio. Como aquele momento em que você percebe que já faz anos que não faz algo que realmente gosta, não diz o que realmente pensa, ou simplesmente não é realmente você.
E o problema não é que os outros não te reconheçam. O problema é que você já não se reconhece a si mesmo(a).
Então estabeleça o limite, agora mesmo, antes que seja tarde. Porque sua identidade não é uma postura nem uma moda. É o seu único lar—e se você não a defender, ninguém mais o fará.


3 comments
Con el tiempo vamos dejando la comodidad de las conversaciones sin sentido y defendemos los criterios propios; pero hay que aprender que defender la verdad y la justicia muchas veces nos hacen impopulares.
Me gustó el ejemplo de la conversación en el restaurante pues deja en claro lo que muchos que no somos tibios sentimos luego de callar:
"Ahi está la trampa de la identidad, no la pierdes en un gran discurso de traición, lo haces en pequeños pactos con el miedo."
Me ha gustado (como siempre) toda la publicación, @camelia28
Y sí, el peor problema es no reconocernos al final.
Un abrazo grande y fuerte.
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