La víspera del 11 de julio: cuando la corriente parece ponerse elegante

En Cuba hay cosas que uno aprende a no cuestionar demasiado. Una de ellas es la electricidad.
Después de tantos apagones, uno desarrolla habilidades especiales: saber cuánto demora en cargar un teléfono con un 20% de batería, reconocer el sonido del ventilador cuando por fin arranca y hasta calcular si alcanza el tiempo para hacer café, cocinar y cargar todos los equipos antes de que la corriente diga: “bueno, fue un placer”.
Pero llega la víspera del 11 de julio y pasa algo curioso… parece que la corriente también mira el calendario.
De repente aparece un poco más seguido, los apagones parecen más cortos y hasta el ventilador trabaja horas extra como si estuviera haciendo su propio turno revolucionario. El cubano, que ya tiene doctorado en supervivencia eléctrica, mira la situación con sospecha y dice: “¿Y esta amabilidad de dónde salió?”.
La gente aprovecha esos momentos como si fueran vacaciones de la electricidad: se carga todo lo que tenga batería, se pone a funcionar la lavadora, se enfría agua en la nevera y hasta hay quien mira el ventilador con emoción, como si fuera un aire acondicionado de hotel cinco estrellas.
Porque en Cuba hemos llegado a un punto donde cuando hay corriente no decimos “qué normal”, decimos: “¡Aprovecha que está de visita!”.
Los apagones nos han obligado a desarrollar una creatividad impresionante. Tenemos planes de contingencia, horarios mentales y una relación con el tomacorriente más cercana que muchas relaciones humanas.
Quizás lo más gracioso es que un día con electricidad puede cambiar completamente el ánimo de una casa. De repente todos están felices, el calor parece menos fuerte y hasta la comida sabe mejor. La corriente se convierte en la invitada especial que nadie esperaba pero todos quieren atender.
Así somos los cubanos: capaces de encontrar humor incluso cuando la situación no es fácil. Porque si algo nos sobra es imaginación para sobrevivir y una buena frase para reírnos de nuestras propias desgracias.
Eso sí… si la corriente decidió aparecer por la víspera del 11 de julio, nadie se va a quejar. Aquí estamos: cargando celulares, llenando la nevera y disfrutando mientras dure el milagro.
Porque en Cuba una cosa es segura: cuando la luz llega, hay que recibirla como a un familiar que hace tiempo no venía de visita.
Gracias a todos los que leen y apoyan este blog

Vivir en un lugar con tantos problemas supone muchos desafíos. ¡Ojalá algún día los cubanos podamos usar la energía como cualquier otra persona en el mundo! Es un país hermoso.
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