
Hay días en los que el mundo parece avanzar demasiado rápido. Todo exige nuestra atención al mismo tiempo y, casi sin darnos cuenta, terminamos agotados. En esos momentos suelo buscar algo muy sencillo: una canción que me permita desconectar.
Con el tiempo descubrí que la música celta tiene ese efecto en mí.
No la escucho porque esté de moda ni porque conozca toda su historia. La escucho porque consigue algo que pocos géneros logran: hacerme sentir en paz. Es como abrir una ventana imaginaria hacia un lugar donde solo existen el viento, los árboles y el sonido de un río.
Cada instrumento parece tener una voz propia. La flauta acaricia el silencio, el violín transmite emociones difíciles de explicar y el arpa convierte cada nota en un instante de tranquilidad. No necesito entender de música para disfrutarla; simplemente dejo que las melodías hagan su trabajo.
A veces pienso que todos necesitamos un refugio. Algunas personas lo encuentran en un libro, otras en el deporte o en una conversación. Yo lo encuentro, muchas veces, al poner una lista de reproducción de música celta y dejar que el tiempo pase un poco más despacio.
Quizá por eso este género ocupa un lugar especial entre mis favoritos. No solo acompaña mis momentos de descanso, también me inspira cuando escribo, cuando reflexiono o cuando necesito recordar que, incluso en medio del caos, siempre existe un espacio para la calma.
La música tiene el poder de cambiar nuestro estado de ánimo, pero la música celta, al menos para mí, tiene algo más: la capacidad de hacerme sentir que la belleza todavía habita en las cosas más sencillas.
Y mientras siga provocándome esa sensación, siempre encontrará un lugar en mis auriculares y en mi corazón.
Pedir disculpas tomé la idea de la cuenta de @valderalazaro que los otros día subió un blog que me encanto gracias por su apoyo y su paciencia ❤️❤️❤️

1 comments
Gracias por leer y comentar y que mi contenido que aya sido útil