50 horas de apagón: ya soy experta en vivir sin corriente eléctrica

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Hay momentos en la vida en los que uno nunca imaginó convertirse en experto en algo tan extraño como sobrevivir sin electricidad. Pero aquí estoy, después de más de 50 horas de apagón, con un título que nadie me entregó, pero que la experiencia me obligó a ganar: especialista en vivir sin corriente.

Al principio uno espera con paciencia. Mira el reloj, piensa que en cualquier momento regresará la luz, que quizás solo es un problema momentáneo. Pero las horas pasan… una, diez, veinte, treinta… y cuando llegas a las cincuenta ya no preguntas “¿cuándo volverá?”, sino que empiezas a organizar tu vida alrededor de la ausencia de electricidad.

Aprendes pequeñas cosas que antes parecían insignificantes. A cargar el teléfono cuando aparece una oportunidad, a guardar la batería como si fuera un tesoro, a buscar el lugar más fresco de la casa, a dormir cuando el calor lo permite y a aprovechar cada minuto de luz natural.

También aprendes que la paciencia tiene límites, pero la creatividad no. Porque en medio de un apagón aparecen soluciones: conversaciones bajo la sombra, momentos familiares diferentes, juegos improvisados y esa capacidad tan humana de adaptarse incluso cuando las circunstancias no son las mejores.

Lo curioso es que después de tanto tiempo sin corriente uno empieza a valorar cosas que antes parecían normales. Encender un ventilador, abrir la nevera y sentir el frío, tener una lámpara encendida por la noche… pequeños detalles que de repente se convierten en grandes comodidades.

Pero más allá del cansancio, el calor y la incomodidad, estos momentos también muestran algo importante: la capacidad que tenemos para resistir y seguir adelante. No porque sea fácil, sino porque la vida continúa y uno aprende a encontrar luz incluso cuando no hay electricidad.

Así que sí, después de 50 horas de apagón puedo decirlo: ya soy experta en estar sin corriente eléctrica. No es un título que haya buscado, pero es una habilidad que esta realidad me ha enseñado.

Aunque debo admitir algo… cuando vuelva la luz, no pienso quejarme del recibo eléctrico. Primero voy a disfrutar ese momento mágico de escuchar el ventilador encenderse otra vez.
Ya saben si no saben de mi
Nos vemos en otro blog



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