Docencia y docentes

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En algún momento debo haber escrito aquí sobre la crisis que vive la educación en Cuba. Aquellos que se pegan a los 30 o se pasan, seguramente recuerdan a esos profes que tanto nos regañaban, pero que tenían una preparación decorosa para educar. Hoy si queda alguno, es porque está recontratado, y con mil achaques de salud. No existe ningún nivel de enseñanza en Cuba en que se camine sobre una calle pulida. En todos los niveles hay baches por montón.

Lejos de quedarme solo a criticar, decidí hace algunos meses aportar mi granito de arena, al menos de manera oficial. Desde que soy residente siempre he estado involucrado en la docencia, pero nos pidieron someternos al ejercicio de obtención de categoría docente, y me dije: ¿por qué no?

Hice el examen, y aparentemente alcancé la categoría de profesor instructor, aunque con algunos señalamientos que debía mejorar (cuestiones metodológicas según el tribunal). Pero hace solo una semana me enteré que nada de eso era cierto. Óyeme que uno no es un muchacho. Muy molesto le aclaré al tribunal que me disgustaba mucho la poca transparencia con la que se dirigió el proceso.





Cualquiera falla en una evaluación o simplemente no tiene condiciones en determinado momento para enfrentar determinado reto. Si me hubiesen hablado claro, me hubiese esforzado más. Vaya que me desmotivé mucho, en un momento de mi vida en el que había comenzado una revolución para superarme y salir del estancamiento.

Una vez calmado el ciclón, volví a dar clases. Hoy tuve que dar una conferencia sobre equilibrio ácido- básico e hidromineral (perdón por hablar en chino). Conecté como casi siempre hago con mis estudiantes, y siento que las cosas en la docencia de Cuba deben cambiar de manera capital.

En esa renovación también debe incluirse esos exámenes para obtener o cambiar una categoría docente. No es posible que el teatro que se monta durante este ejercicio, sea tan distinto a lo que se vive en un salón de clases. Debemos actualizar los métodos que empleamos en nuestros educandos. Estos últimos han cambiado muchísimo, y necesitan por tanto, maneras distintas para aprender a las que nuestros profesores usaron en nosotros.



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Y lo más triste es que vamos en picada. Ahora cualquiera puede ser profesor y hasta faltas de ortografías gravísimas plasman al señalar algún ejercicio en la pizarra.

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